Un grupo de pastores cristianos y líderes religiosos se reunió en la Oficina Oval de la Casa Blanca para orar por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una escena que volvió a encender el debate sobre la mezcla entre religión y poder político en la administración republicana.
Ahora Trump, rezando en la Casa Blanca. Trump y un grupo de personas orando, para seguir matando a niñas en Irán. Reza Trump, para que no vaya a la cárcel por los archivos de Epstein.
Reza Trump, para que su pedofilia siga impune.
Reza Trump, por Epstein y Netanyahu.
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El encuentro fue encabezado por el pastor Tom Mullins, fundador de la iglesia Christ Fellowship y cofundador de Place of Hope, quien junto a otros líderes religiosos rodeó al mandatario en su despacho para realizar una oración colectiva.
Durante el acto, los religiosos colocaron sus manos sobre Trump mientras pronunciaban plegarias por su liderazgo, en un gesto que críticos consideran un símbolo del creciente peso del nacionalismo religioso dentro de la política estadounidense.
La escena ocurre además en medio de una fuerte escalada militar impulsada por la Casa Blanca, tras los recientes ataques ordenados por el gobierno de Trump contra Irán, acciones que han intensificado la tensión en Oriente Medio y generado críticas internacionales.
Para analistas y organizaciones civiles, la imagen de líderes religiosos bendiciendo al presidente mientras se desarrollan operaciones militares en el extranjero refleja una peligrosa confusión entre fe y decisiones de guerra. Señalan que este tipo de actos proyecta una narrativa en la que las acciones políticas y militares se presentan como moralmente justificadas o incluso divinamente respaldadas.
Diversos críticos también han advertido que Trump ha recurrido con frecuencia al respaldo de sectores evangélicos como base política, utilizando discursos religiosos para legitimar su agenda interna y externa, incluida su postura agresiva en política internacional.
En ese contexto, el encuentro en la Casa Blanca fue interpretado por algunos observadores como una muestra del alineamiento entre el poder político y ciertos liderazgos religiosos, justo cuando las decisiones militares de Washington vuelven a colocar a Estados Unidos en el centro de un nuevo conflicto internacional.



