El gobierno de Irán elevó el tono contra Estados Unidos e Israel al acusarlos de tener una “intención clara de cometer genocidio” durante los ataques en su territorio, en el marco de la actual escalada militar.
Ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, denunció bombardeos contra infraestructura civil, incluyendo hospitales, ambulancias, personal sanitario, refinerías y zonas habitacionales. Afirmó que estos hechos constituyen crímenes de guerra y de lesa humanidad.
El canciller iraní también señaló como “deliberado” el ataque contra una escuela en Minab ocurrido el 28 de febrero, primer día del conflicto, el cual —según investigaciones preliminares— habría sido ejecutado por fuerzas estadounidenses. Subrayó que la gravedad de los hechos, junto con la retórica de los agresores, refuerza la acusación de genocidio.
Araqchi exigió una condena internacional “inequívoca” y mecanismos de rendición de cuentas, advirtiendo que el silencio de la comunidad internacional solo agrava la situación.
Irán logró que el organismo internacional convoque a un debate urgente sobre el ataque, con el respaldo de China y otros países aliados, en medio de crecientes tensiones geopolíticas en la región.



