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Con la tierra en sus manos: mujeres del campo avanzan en la transformación agraria

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Con una consigna clara —“la tierra también es de las mujeres”—, la Presidenta Claudia Sheinbaum encabezó este domingo 29 de marzo la entrega de certificados agrarios a mujeres en el parque Las Maravillas de Topilejo, en la alcaldía Tlalpan de la Ciudad de México, en un acto que no solo simboliza justicia, sino que materializa una deuda histórica con las mujeres del campo mexicano.

Durante décadas, el acceso a la tierra fue un privilegio negado a las mujeres. El régimen agrario, atravesado por inercias patriarcales, las relegó de la propiedad ejidal y de la toma de decisiones comunitarias. Hoy, ese modelo comienza a desmontarse. La Mandataria recordó que esta exclusión estructural está siendo revertida con políticas públicas concretas que buscan garantizar el derecho de las mujeres a la tierra y al territorio.

Hasta ahora, se han entregado cerca de 30 mil certificados agrarios a mujeres en todo el país. Sin embargo, la meta del Gobierno Federal es clara y ambiciosa: alcanzar los 150 mil títulos como parte de una política de justicia territorial con perspectiva de género. No se trata solo de números, sino de transformar la correlación de fuerzas en el campo mexicano.

Acompañando a la presidenta, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, destacó el impacto profundo de estas acciones en la vida comunitaria. Subrayó que hoy hay más mujeres participando en las asambleas ejidales, incidiendo en decisiones clave y reconfigurando el ejercicio del poder desde lo local.

“Hay más mujeres participando en asambleas, más decisiones con una visión de futuro y una redistribución real del poder territorial”, afirmó, dejando claro que el cambio no es simbólico, sino estructural.

El evento también contó con la presencia de Citlalli Hernández y Alicia Bárcena Ibarra, lo que refuerza el carácter integral de esta política, articulando esfuerzos entre distintas dependencias para garantizar derechos, justicia ambiental y equidad de género.

En un país donde históricamente la tierra ha sido sinónimo de poder, esta política marca un punto de inflexión. La transformación no solo pasa por redistribuir recursos, sino por reconocer a las mujeres como sujetas plenas de derechos, protagonistas de la vida agraria y piezas clave en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo más justo e incluyente.

La tierra, como lo dejó claro la Presidenta, ya no es territorio exclusivo de unos cuantos. Hoy, empieza a ser también, por fin, de las mujeres.

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