Previo al encuentro Sub-21 entre Bosnia e Israel, varios jugadores del conjunto bosnio protagonizaron un momento que rompió con el protocolo habitual del fútbol: decidieron no estrechar la mano de sus rivales.
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Sin sonrisas ni gestos de cordialidad, los futbolistas optaron por omitir el tradicional saludo previo al partido, dejando una escena que rápidamente generó reacciones dentro y fuera del ámbito deportivo.
El gesto, aunque breve, evidenció cómo el llamado “fair play” puede entrar en conflicto con posturas personales o contextos más amplios, recordando que el deporte no siempre está aislado de tensiones políticas y sociales.
Para muchos, se trató de una acción incómoda; para otros, de una forma de expresión. Lo cierto es que, esta vez, el protocolo no logró imponerse sobre la conciencia.



