Washington vuelve a cargar contra La Habana con acusaciones de “espionaje y subversión”, mientras el gobierno de Trump mantiene la presión económica y el bloqueo petrolero que agrava la crisis cubana.
El secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, volvió a colocar a Cuba en la mira de Washington al presentar un informe de 100 páginas que acusa a la isla de liderar durante casi siete décadas una supuesta campaña de “espionaje y subversión” contra Estados Unidos, sin presentar pruebas públicas que sustenten las afirmaciones.
Las acusaciones ocurren en medio de una nueva escalada de presión contra el pueblo cubano. El embargo impuesto por Estados Unidos desde la década de 1960 y el reciente bloqueo petrolero de facto han profundizado la falta de combustible y las dificultades económicas en la isla, donde miles de personas enfrentan largas filas para acceder al transporte público.
Mientras Washington acusa a Cuba de representar una amenaza para la “civilización occidental”, la historia también recuerda las operaciones estadunidenses contra la Revolución Cubana, como la fallida invasión de Bahía de Cochinos y los múltiples intentos de asesinar a Fidel Castro.
El gobierno de Donald Trump ha dejado claro que busca un cambio de régimen en la isla, mientras Rubio, de origen cubano, considera insuficientes las reformas económicas impulsadas por La Habana.
Así, detrás del discurso de “seguridad” y “lucha contra el terrorismo”, Cuba enfrenta una nueva ofensiva política y económica de Estados Unidos, que amenaza con agravar aún más las condiciones de vida de su población.










