Ciudad de México a 2 febrero, 2026, 22: 07 hora del centro.
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Gen Z: el disfraz roto de la oposición

postal PP horizontal Nélyda Saldaña

Desde hace siete años, la oposición ha tratado de reconectar con ciertos sectores sociales que ellos mismos han desplazado históricamente por sus propias decisiones políticas.

La marcha del pasado fin de semana (promovida como si fuera una expresión auténtica de la Generación Z, pero organizada en realidad por los mismos cuadros políticos, financiadores y operadores del viejo PRIAN) representa, sin duda alguna, un caso más de esta estrategia fallida.

Es importante subrayarlo: la crítica no radica en que la ciudadanía exprese su inconformidad; hacerlo es un derecho democrático. El problema nace cuando la oposición intenta maquillar su identidad recurriendo a sectores sociales cuyos intereses nunca han representado, pero que a nivel mediático les resulta conveniente.

El cuento es el mismo, ¿quiénes convocan?, y ¿para qué? Dirigentes, operadores y patrocinadores ligados al PRIAN, envueltos en lógicas de élites políticas y económicas, con un mensaje difuso, reactivo e incongruente, desde “FRENAAA” o la ya conocida “marea rosa” hasta las recientes movilizaciones, el discurso, los referentes, las consignas, todo el estilo se mantiene rígido.

Incluso cuando algunos jóvenes (muy pocos) participaron de manera genuina, la legitimidad de su acción quedó diluida por la narrativa y la operación política detrás. Apropiarse de la identidad de un grupo poblacional que fue sistemáticamente desplazado desde la niñez (hablando de la Generación Z y en general de las juventudes), solo evidencia una desconexión profunda que provoca rechazo.

La oposición no se reinventa, se recicla, cambian los lemas, los colores, los flyers de las convocatorias, pero no los actores, las prácticas ni los intereses que la sostienen, condenados a no ofrecer algo distinto, pues todo parte desde el mismo viejo molde.

En términos simbólicos, la Generación Z puede representar frescura, cambio e irreverencia, lo que para el sector opositor podría significar una manera rápida y superficial de aparentar renovación sin realizarla.

Volvemos así al punto mencionado con anterioridad, no se critica la acción de salir a las calles, que bueno que salgan y se manifiesten en nombre de sus inconformidades, de eso se trata la democracia, pero cuando la oposición pretende hacerse pasar por joven y moviliza a los mismos sectores envejecidos de siempre, cuando convoca a la Generación Z, pero aparecen adultos mayores, cuando prometen apartidismo, pero los operadores políticos están detrás, y pretenden manifestarse en contra de la violencia generando más violencia, se convierte en una narrativa insostenible.

En este sentido, es importante mencionar que durante la manifestación distintos bloques recurrieron a actos violentos, específicamente contra la policía. Hoy esas imágenes están siendo explotadas en ciertos medios para difundir la idea de que el gobierno reprime a las juventudes, cuando en realidad no hubo ni juventudes ni represión. Y, como si no fuera suficiente, también se exhibieron expresiones de odio, incluyendo insultos machistas y clasistas dirigidos hacia la Presidenta.

Lo que vimos no fue una expresión de renovación, ni mucho menos una manifestación legítima, sino un intento fallido de la oposición por reciclar viejas estrategias bajo un disfraz, alejándose de lo que dicen defender. El pueblo sabe distinguir la simulación, y mientras sigan arrastrando los mismos rostros, las mismas prácticas e intereses de siempre, nadie los tomará en serio y continuarán en el fracaso, marchando en círculos.

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