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¿Qué sostiene a Samuel García?

Nunca hay que subestimar al electorado, hacerlo es caer en las mismas interpretaciones erróneas que formula la oposición a nivel federal ante el alto respaldo popular que ha cobijado a quien lidera la Cuarta Transformación desde diciembre de 2018. Interpretaciones que insultan la inteligencia de las y los mexicanos, con aseveraciones como que la mayoría son clientelas capturadas por los programas sociales, una masa acrítica y con un alto nivel de desconocimiento sobre lo que realmente es importante.

Considerando lo anterior, ¿cómo podemos interpretar que Samuel García tenga una alta popularidad al finalizar su cuarto año de gobierno? ¿Cuál es la lectura adecuada respecto al 45% de respaldo que tiene Mariana Rodríguez a un año y medio de las elecciones para renovar la gobernatura de Nuevo León?

Una de las explicaciones puede ser que ambos representan una renovación en las figuras políticas locales. Luego de años de un contubernio PRI-PAN, donde hasta apellidos compartían en ambos partidos, y tras el desgaste que enfrentaron por el deterioro de las condiciones de seguridad y bienestar social en Nuevo León, una de las entidades más afectadas por la inhumana Guerra contra el Narcotráfico de Felipe Calderón, el electorado estaba deseoso de encontrar plataformas que buscaran romper con las formas y maneras anquilosadas de hacer política en el estado. Los políticos tradicionales de Nuevo León comenzaron a ser vistos como grises y alejados de la población. «Señoros» de zapatos Ferragamo que jamás verías caminar por tu colonia más que para pedir el voto cada 6 años, pero que si veías conviviendo con singular alegría con los factores reales de poder del estado.

En 2015, cuando intentaron corregir esta situación, la alternativa del PRI fue una exconductora de televisión, carismática, pero con un amplio historial de corrupción en su paso por la alcaldía de Guadalupe, Nuevo León. El PAN tuvo una participación testimonial en esa elección.

En contraste, tanto Samuel como Mariana han sido lo suficientemente hábiles para mostrarse como cercanos a la población, con quien comparten similitudes de edad (la media de edad poblacional en el estado es de 30 años), lenguaje (estridencia y aparente honestidad) y aspiraciones (Samuel, joven político «self-made», Mariana, empresaria y «celebrity» de redes sociales, en un estado caracterizado por el talento por la comunicación digital). Tras años de un dominio priista, sólo interrumpido por una administración panista y una supuestamente independiente, pero con un tufo al pasado, Samuel y Mariana logran que los gobernantes se parezcan a sus gobernados.

Además, Samuel ha sabido aprovechar a su favor los efectos de la relocalización de cadenas de suministro (fenómeno que hubiera ocurrido con o sin él), con una economía local que ha crecido en promedio 3.3% en los últimos cuatro años. Asimismo, ha propuesto proyectos de movilidad (líneas de metro, mejora de flotilla de transporte, tren interurbano) que dan la sensación de que por fin un gobierno pone atención a las problemáticas locales.

No obstante, es un gobierno en donde la sospecha de corrupción va desde pequeños contratos a personas vinculadas al gobernador o su gabinete, hasta el encubrimiento de crímenes, como el asesinato de Ángel, un adolescente bajo custodia del DIF estatal que murió tras un brutal maltrato, documentado por instancias locales y federales de derechos humanos.

Las deudas de Samuel también pasan por el tema de género, en una entidad donde la violencia familiar, el feminicidio y la desaparición de mujeres jóvenes son una constante que el gobierno prefiere no ver y, por el contrario, dirige sus energías a la captación de liderazgos del movimiento feminista quienes, una vez que son integradas a la burocracia estatal, diluyen sus críticas y lavan la cara de una administración caracterizada por la frivolidad.

Esta realidad demuestra que la popularidad tiene un componente innegable de narrativa y conexión. Samuel y Mariana han entendido algo que los partidos tradicionales olvidaron: La política también es cercanía, lenguaje compartido y aspiración. Pero la cercanía sin resultados sostenidos, y la aspiración sin profundidad, tienen fecha de caducidad.

La pregunta entonces no es si Nuevo León está cerrado para una alternativa distinta. El electorado ha demostrado ser pragmático, premia lo que percibe como avance y castiga el estancamiento. No obstante, para que exista una oportunidad real para la izquierda, Morena debe ir más allá de la apuesta por el desgaste del régimen actual.

Nuevo León es un estado que vota por quien logra parecerse a su momento histórico. La pregunta es quién estará dispuesto a hacer el trabajo necesario para estar a la altura de ese momento.

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