Ciudad de México a 4 abril, 2026, 1: 27 hora del centro.
40 Horas
Ciudad de México a 4 abril, 2026, 1: 27 hora del centro.
40 Horas

La ideología, ¡sí y siempre importa!

México se encuentra en una antesala política decisiva rumbo al proceso electoral 2027. En medio de debates sobre candidaturas, alianzas y estrategias, conviene volver a lo esencial: la ideología. Más allá de nombres propios y coyunturas, lo que define el rumbo de una nación es el conjunto de principios que orientan sus decisiones públicas. Y en ese contexto, el papel del Movimento de Regeneración Nacional (MORENA), ha sido central en los últimos años. Desde su fundación se presentó como un movimiento con una identidad ideológica clara: una izquierda nacional-popular que reivindica la justicia social, la austeridad republicana y la lucha frontal contra la corrupción. No es casual que su surgimiento esté ligado a la trayectoria de Andrés Manuel López Obrador, quien convirtió la crítica al modelo neoliberal en un eje narrativo y programático. Su propuesta de la llamada Cuarta Transformación no fue únicamente un lema político, sino un marco interpretativo de la historia nacional: la Independencia, la Reforma y la Revolución como antecedentes de una nueva etapa de cambio institucional y social.

López Obrador insistió en que “Por el bien de todos, primero los pobres”, una frase que sintetiza la prioridad ideológica de su proyecto. Bajo esa lógica se impulsaron programas sociales de alcance nacional, reformas orientadas a fortalecer el papel del Estado en sectores estratégicos y una política de austeridad que buscó reconfigurar el ejercicio del gasto público. Más allá de simpatías o críticas, lo cierto es que estas decisiones no fueron improvisadas: respondieron a una convicción ideológica sobre el papel redistributivo del Estado. En la actualidad, bajo la conducción de Claudia Sheinbaum, el proyecto ha entrado en una nueva fase. Sheinbaum ha subrayado la continuidad con sello propio: profundizar los programas sociales, fortalecer la inversión en infraestructura y consolidar políticas públicas con enfoque científico y de planeación estratégica. Su trayectoria académica y experiencia política representan una combinación de compromiso social y rigor técnico. En términos ideológicos, su discurso ha reiterado que gobernar desde la izquierda implica reducir desigualdades estructurales y garantizar derechos sociales como pilares del desarrollo.

Por su parte, la dirigencia partidista, encabezada con convicción y verdadera pasión por Luisa María Alcalde, enfrenta un reto no menor: preservar la cohesión interna y la congruencia doctrinaria de un partido que pasó de ser oposición, a fuerza gobernante dominante. Como han advertido estudiosos como Norberto Bobbio, la distinción entre izquierda y derecha sigue siendo pertinente en la medida en que la izquierda coloca en el centro la igualdad como valor rector. Si esa igualdad no se traduce en prácticas concretas, la ideología se diluye en pragmatismo. Gobernar desde una ideología de izquierda conlleva una responsabilidad histórica. Se trata de transformar estructuras que reproducen exclusión, lo que significa reconocer que, en una sociedad con profundas brechas sociales, el Estado no puede ser neutral frente a la desigualdad. Como sostuvo John Rawls, la justicia exige que las instituciones estén diseñadas de modo que beneficien en mayor medida a las y los menos aventajados. Bajo esta óptica, las políticas públicas representan, además de instrumentos de justicia social, decisiones éticas.

No basta con ganar elecciones, es indispensable vigilar que quienes acceden al poder bajo determinadas siglas, actúen con apego a los principios que las sustentan. El politólogo Juan Linz advertía que la fortaleza de los sistemas democráticos depende, en buena medida, de partidos coherentes y responsables. En el tiempo de la Cuarta Transformación, la ideología adquiere una relevancia aún mayor. No es un accesorio discursivo, sino el cimiento de reformas constitucionales, laborales, energéticas, sociales y administrativas que buscan transformar realidades concretas. La premisa es contundente: para que un país avance, nadie puede quedarse atrás.

En México existe una sociedad que merece justicia, paz y progreso. La violencia y la desigualdad no se resuelven únicamente con programas sociales, pero tampoco pueden enfrentarse sin una base ética que coloque la dignidad humana en el centro. Rumbo a 2027, el debate no debe reducirse a cálculos electorales. La ideología es brújula que orienta en medio de la complejidad. La profundidad del lema de MORENA —“No mentir, no traicionar y no robar”— radica en su dimensión ética. Representa un estándar de conducta que obliga a mirar de frente a la ciudadanía y responder a los intereses colectivos. Si ese principio guía la actuación pública, entonces la ideología habrá cumplido su función más noble: ser puente entre el poder y la justicia social, entre el mandato popular y la construcción de un México más equitativo, en paz y con horizonte de progreso compartido.

Temas relacionados

Sobre el autor

Comparte en:

Comentarios