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Causas y consecuencias del operativo contra Nemesio Oseguera

El operativo para detener a Nemesio Oseguera Cervantes, concluido con su abatimiento, debe analizarse dentro un contexto más amplio de la nueva política de seguridad mexicana. Esta acción implica un avance del Estado para contener la violencia de un grupo con presencia extendida en México y más allá de sus fronteras.

El ascenso de esta figura fue consecuencia de la estrategia de combate frontal previa a 2018. Tras la muerte de Nacho Coronel, Oseguera escaló en la estructura delictiva producto del modelo kingpin de “descabezamiento” de los grupos criminales. El modelo actual, sin embargo, trasciende el simple descabezamiento de organizaciones que resultó en los altos índices de inseguridad que caracterizaron el período entre 2006 y 2019.

La estrategia vigente combina la atención a las causas con un cerco al flujo de armas, tráfico y liderazgos regionales de los grupos como el que presuntamente encabezaba este líder criminal. Se comprueba que, de la mano de la atención a las causas, se pueden ejecutar operativos mediante un modelo de inteligencia fusionada para que los criminales rindan cuentas, lejos de la lógica fallida que buscaba su eliminación sin prever las graves consecuencias hacia adelante. Los resultados recientes incluyen el congelamiento de activos por la Secretaría de Hacienda e inmovilización de los flujos de sus empresas fachada, que tienen un largo historial de haberse instalado en los ciclos financieros y el sector inmobiliario de Jalisco.

A pesar de las especulaciones iniciales, se confirmó que un grupo especial de la Guardia Nacional ejecutó la planeación y el operativo mediante la fusión de inteligencia civil y militar. Aunque hubo cooperación con socios internacionales, se hizo bajo parámetros de soberanía, reconociendo la interdependencia de la seguridad en la región de Norteamérica.

Aunque estos operativos siempre incrementan el perfil de riesgo de la región en donde se ejecutan, los bloqueos en diversas partes del país son reacciones que buscan dar la apariencia de control en regiones alejadas de su verdadera zona de influencia, donde lo único que lograron estos grupos fue incendiar vehículos. Una verdadera reacción defensiva hubiera sido impedir el operativo o forzar a la liberación de su líder. Ello no ocurrió.

Al lograr la Guardia Nacional integrar inteligencia civil y militar, se avanza en debilitar la capacidad de regeneración de las organizaciones criminales. El impacto en Michoacán, Jalisco y Sinaloa será importante para la pacificación regional. Para el Estado mexicano, es vital seguir irrumpiendo en el triángulo que constituyen Manzanillo, Puerto Vallarta y Guadalajara para frenar de tajo la dinámica de suministro y lavado de dinero para estos grupos de la violencia organizada. Además, en el marco del operativo se detuvo a la persona acusada de organizar el reclutamiento forzado en esta región, una táctica de los grupos de la violencia organizada que ha lastimado especialmente a la población del occidente y la costa del pacífico mexicano.

El fin de esta etapa para este grupo de la violencia organizada consolida los cercos financieros, de decomisos y el control territorial por encima de la mera lógica de descabezamiento, apostando por una paz de largo plazo. El éxito de esta transición se medirá en la recuperación de la tranquilidad en el occidente y en la capacidad de las instituciones para impedir que el vacío de poder genere nuevos ciclos de violencia.

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