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Un mundial para el Pueblo

Durante décadas, los grandes eventos internacionales en México fueron concebidos bajo una lógica que privilegiaba la imagen por encima de la gente. Se construían escenarios espectaculares, se proyectaba al país hacia el exterior, pero poco se hablaba de lo esencial, ¿quiénes realmente se benefician de estos eventos?

Hoy, esa lógica está cambiando.El planteamiento de la Presidenta Claudia Sheinbaum rumbo al Mundial 2026 no es solamente la organización de un evento deportivo de escala global. Es, en realidad, una redefinición de lo que significa albergar un Mundial, pasar de un espectáculo para unos cuantos a un proyecto con sentido social.

La idea de un “Mundial Social” no es retórica. Es una propuesta que pone en el centro a la gente, a las comunidades, a quienes históricamente han quedado al margen de este tipo de celebraciones. Es entender que el fútbol, como fenómeno cultural, tiene el potencial de generar cohesión, identidad y bienestar, siempre que exista una visión pública que lo acompañe.

Porque el reto no es menor. México será, junto con Estados Unidos y Canadá, sede de la Copa Mundial de la FIFA 2026, uno de los eventos más importantes del planeta. Millones de personas estarán atentas a lo que ocurra en el país, pero la verdadera pregunta no es cómo nos verán desde afuera, sino qué quedará hacia adentro.

Y ahí es donde radica la diferencia. El enfoque que ha venido impulsando la Presidenta apunta a que el Mundial deje beneficios tangibles, mejora de espacios públicos, fortalecimiento de infraestructura comunitaria, impulso al deporte de base, recuperación del tejido social y, sobre todo, acceso para que las y los mexicanos puedan vivir el evento como propio.

No se trata solo de estadios llenos. Se trata de calles, colonias y barrios que también formen parte de la fiesta. Se trata de niñas y niños que encuentren en el deporte una alternativa de vida. Se trata de que el Mundial no sea un espectáculo lejano, sino una experiencia cercana.

Durante años, los eventos de esta magnitud fueron capturados por intereses económicos que los convirtieron en plataformas de exclusividad. Boletos inaccesibles, espacios privatizados y beneficios concentrados en unos cuantos. Ese modelo no solo es injusto, es insostenible.

El planteamiento actual rompe con esa inercia. Hablar de un Mundial Social es hablar de democratizar el acceso, de abrir espacios, de generar actividades públicas, de vincular el evento con políticas de bienestar. Es entender que el deporte también puede ser una herramienta de transformación.

Y, como es previsible, no han faltado las críticas. Hay quienes reducen la propuesta a un discurso, quienes descalifican sin analizar o quienes, desde la oposición, prefieren apostar al fracaso antes que reconocer un cambio de enfoque. Es la misma lógica de siempre, negar cualquier avance, incluso cuando este beneficia directamente a las personas.

Pero la realidad es otra. La organización del Mundial bajo esta visión representa una oportunidad histórica para hacer las cosas de manera distinta. Para demostrar que México puede ser anfitrión de un evento global sin renunciar a sus principios sociales. Para probar que el desarrollo no tiene que estar peleado con la justicia.

Porque al final, la pregunta vuelve a ser la misma, ¿para quién es el Mundial? Si es para unos cuantos, será un evento más que pasará sin dejar huella. Si es para el Pueblo, puede convertirse en un parteaguas.

México tiene la oportunidad de mostrarle al mundo no solo su capacidad organizativa, sino su visión social. De convertir el fútbol en un puente, no en una barrera. De hacer del Mundial una fiesta que no excluya, que no segregue y que no olvide a nadie.

Porque cuando el deporte se encuentra con la política pública, cuando la organización se vincula con la justicia social y cuando el espectáculo se pone al servicio de la gente, entonces sí estamos hablando de algo más que un torneo.

Estamos hablando de una transformación.

Y de un Mundial que, por primera vez en mucho tiempo, puede ser verdaderamente de todas y todos.

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