Desde 2025, en el círculo de estudio «Casa del movimiento» en Monterrey, Nuevo León, hemos sostenido cada martes -con la fraterna participación de militantes, simpatizantes y generosos conferencistas-, una enriquecedora reflexión colectiva acerca del papel de la izquierda y el partido-movimiento en un estado con condiciones muy peculiares, que en la historia nacional desde una mirada general, se ha ubicado como fuente de tensiones, desencuentros o de aportaciones secundarias -en el mejor de los casos-, respecto a las tres grandes transformaciones de la historia de México, y en esa perspectiva de como construir -desde la izquierda-, la Cuarta Transformación de México en la localidad.
En los ya prácticamente 8 años de Transformación a nivel nacional, el gobierno local de Nuevo León ha sido gobernado por fuerzas políticas distintas al partido que encabeza el bloque hegemónico, lo que ha generado un desfase o retraso en el cambio social anhelado por el Pueblo regio, que votó mayoritariamente por AMLO en 2018 y por Claudia Sheinbaum en 2024. Por ejemplo, en Nuevo León la Pensión Universal paga Personas con Discapacidad todavía no es un derecho social universal, ni se garantiza el acceso universal a la salud pública con el modelo del IMSS- Bienestar.
Diversas causas han derivado en la incapacidad de consolidar desde la izquierda una alternativa para el Pueblo neoleonés, entre otras:
- Las rupturas entre la propia izquierda, desde los años de gran dolor y sufrimiento de la década de los setenta, como los sucesos trágicos que desembocaron en la matanza del 10 de junio de 1971 (de un movimiento universitario generado en la Universidad Autónoma de Nuevo León) y sus secuelas, y las contradicciones, infiltraciones, desapariciones, muerte y comprensible frustración de quienes vieron desde su concepción la lucha armada -en sus diversas formas y organizaciones-, como una única posibilidad de revolucionar la realidad opresiva, ante el agotamiento de los demás caminos.
- La penetración ideológica y cultural de un sector de los empresarios, que se ha desplegado permanentemente desde mitad del siglo XX entre trabajadores y sus familias bajo la idea e inculcar el conformismo y la apatía, pues en ese orden, cualquier acción que cuestione o busque modificar el estatus quo vigente es riesgosa, no solo puede conducir a la «perdida del empleo, que generosamente proporciona el patrón», sino a «perderlo todo», (la posibilidad de una casa, un auto y de ascenso social).
- El bloqueo mediático que en Nuevo León es despiadado contra toda disidencia, misma que en esa lógica no tiene derecho a voz, y es más factible o un “uso y costumbre” que el atrevimiento a criticar algún abuso de poder o de autoridad, sea tratado con guerra sucia, amarillismo y descalificación, que de manera objetiva. A lo largo de la historia reciente, generalmente los medios convencionales (salvo muy honrosas excepciones) monopolizan los asuntos públicos desde una óptica sesgada y afín a los intereses que representan acumulación de privilegios, y no al ejercicio del derecho a la información veraz.
- El conservadurismo genuino de un sector minoritario pero influyente de la sociedad regia, que ha visto en los gobernadores neoliberales la extensión de actitudes clasistas, elitistas, racistas y xenofóbicas, que, para tal visión, significan un dique o un muro para defender ciegamente privilegios propios y de unos cuantos, más allá de la ineptitud de los mencionados actores de la clase política y del interés general.
- Esto sumado a condiciones propias de las coyunturas electorales del siglo XXI como el auge de personajes exclusivamente mediáticos y desplegados por el marketing político, ofrendados como figuras «simpáticas», pero sin contenido, y eso sí muy manipulables para elites de poder, que pueden ganar elecciones, aunque carezcan de un ideario para gobernar, han hecho de Nuevo León un espacio de gobiernos fallidos y de rezagos hasta en la infraestructura de los servicios más básicos.
No obstante, en el inventario de la izquierda y de la gente que desea un cambio social verdadero contamos en la actualidad con destellos de esperanza como son:
Una militancia inoxidable que está eliminando prejuicios, y con las evidencias de la Transformación nacional, está construyendo condiciones para que el cambio llegue por fin a Nuevo León, y se sacudan viejas inercias y antiguas formas del maridaje entre el poder político y el poder el económico.
Un sector de empresarios realmente patriotas, convencidos que la igualdad ante la ley es la mejor condición para el desarrollo individual y colectivo de los proyectos industriales, financieros y económicos.
Círculos de Estudio que comienzan a generar una corriente crítica e informada de la realidad de Nuevo León y de los antecedentes históricos, políticos y económicos de la galopante desigualdad social.
Las evidencias de Transformación desde las condiciones de Nuevo León, que se sintetizan entre otros valiosos esfuerzos en la “4aT Norteña”, que propone combinar la generación y la distribución equitativa de la riqueza, el desarrollo económico con esquemas eficaces de combate a la corrupción, y la generación de empleos dignos para construir a la par fuentes de posibilidad para atender a los más necesitados.
Por lo anterior, es esencial desde el Humanismo Mexicano generar un programa alternativo viable y concreto para Nuevo León, desde la premisa de gobernar con amor al Pueblo, para regenerar las condiciones sociales que desmanteló el neoliberalismo, honrar la capacidad de innovación, creación, emprendimiento e industrialización que ha distinguido a un Pueblo muy trabajador, donde la clase política no ha estado a la altura de las circunstancias. Primero el programa, el proyecto, que consense respuestas claras a los problemas cotidianos de la gente




