La huelga en JK Tornel estalló el 23 de febrero de 2026, los trabajadores de la llantera demandan el cumplimiento del Contrato-Ley, – aquel que regula las relaciones obrero-patronales de un gremio específico y es aplicable a la industria nacional, estatal o local -, en este caso de la industria de la transformación del Hule. Tienen plantas en Tultitlán, Miguel Hidalgo y dos en Azcapotzalco; exigen el cumplimiento de lo establecido en el contrato-ley, el cual contempla 40 horas laborables a la semana, además de exigir aumentos salariales de años atrasados 2025 y 2024, el respeto al pago de 44 días de aguinaldo y prima vacacional contemplada en la Ley, así como el pago del seguro social que debe realizar el patrón, pues los trabajadores indican que les es descontando de su salario.
Más de 1000 trabajadores pararon sus labores, y el pasado 22 de marzo un juez determinó la legalidad de la huelga, con una votación de 883 trabajadores contra 113 en contra en continuar en paro. Actualmente existe una negativa de la empresa, de origen hindú, en solucionar el conflicto desconociéndose los motivos por los cuales no se sienta en las mesas de negociación, además de lo obvio.
En un mundo que pierde la razón como parámetro para referenciar, medir o comparar el comportamiento político y social de los actores, la lucha obrera reaparece para indicarnos que aún existen contradicciones y antagonismos sociales vigentes. Si bien, las condiciones laborales de los trabajadores de la industria de la transformación del hule están por encima de las establecidas en la Ley Federal del Trabajo, ello no demerita que este gremio haya conquistado mejores condiciones de vida y continue haciéndolo.
Revisando los comentarios en redes sociales sobre las menciones, fotografías y videos que referencian la lucha de los trabajadores de la Tornel, por muchos comentarios existentes de solidaridad aparecen otros de indignación, condena e incredulidad. Dicen: ¿cómo es posible que estos obreros que están en mejores condiciones laborales que otros gremios puedan iniciar una huelga?; confórmense con lo que tienen; es mejor de lo que nosotros tenemos, etc.
Por el contrario, les preguntaría: ¿Qué significa la lucha obrera hoy en día?, sino el mejorar las condiciones de existencia de su situación concreta; es decir, por qué deberíamos indignarnos que un gremio luche por mejorar su situación de vida, si no son ellos mismos los que ven por su propia existencia. Esto es clave, me parece para entender porque los partidos denominados de izquierda a nivel mundial han estado perdiendo adeptos en las clases trabajadoras, y en la sociedad en general en los últimos años.
Tras la caída de las referencias político-ideológicas alternativas al sistema liberal-capitalista, el mundo entró a una etapa de hegemonía. El politólogo Francis Fukuyama denominó a esta era como el fin de la historia, aquella dónde debemos aceptar que el actual es el mejor modelo civilizatorio posible, prácticamente concediendo la supresión de los antagonismos sociales y de clase.
Las fibras de la política fueron tocadas por esta hegemonía económica y cultural. Ello afectó a los partidos políticos. Ya no compiten por cambiar al mundo, sino en como colocar intereses en un mercado de votantes. La izquierda electoral cedió ante el progresismo y la política de la buena onda, y ahora observamos que abordar los temas dónde surgen los antagonismos sociales se convierten en tabú por temor a perder votantes.
Tal vez si lográramos poner más atención a las consecuencias que trae este modelo de fin de la historia, no daríamos a la misma historia por terminada. Sumirnos en un mundo culturalmente dominado por el individualismo y consumismo hace pensar que los trabajadores de la JK Tornel están desfasados históricamente al momento de exigir mejores condiciones de vida, lo cual no es cierto; sino es un síntoma de que el mismo sistema falla y no cumple en mejorar la vida de las personas.
Pareciera que el acto más sencillo en estas condiciones es el que puede generar la conciencia necesaria para el resurgimiento de la organización social y acción política: la solidaridad. Son vecinos, amigos, grupos, los que se acercan a los campamentos de los huelguistas y entregan lo que pueden para sustentar su lucha. Allí se está constituyendo la colectividad.
Nuestra solidaridad completa con los trabajadores de la Tornel, quienes además fueron fustigados por sujetos armados el 18 de marzo pasado en su campamento en Tultitlán. Estamos al pendiente del avance en sus demandas y velamos por que este gobierno intervenga para dar solución al conflicto.



