Ciudad de México a 3 abril, 2026, 0: 03 hora del centro.
40 Horas
Ciudad de México a 3 abril, 2026, 0: 03 hora del centro.
40 Horas

Cárdenas, Cuba y la soberanía energética

En el contexto actual de la discusión sobre la soberanía energética y la libre autodeterminación de los pueblos, resulta pertinente revisitar el discurso pronunciado por el general Lázaro Cárdenas del Río el 12 de junio de 1938, en Tampico, Tamaulipas, dirigido al pueblo de Cuba. Lejos de constituir una mera cortesía diplomática, este mensaje es pieza clave para comprender la política exterior del cardenismo, su concepción de la solidaridad continental y su firme defensa de la soberanía nacional en un escenario de tensión global.

Para comprender la magnitud del discurso, es necesario situarlo en su contexto inmediato. Apenas tres meses antes, el 18 de marzo de 1938, el presidente Cárdenas había decretado la expropiación de la industria petrolera, enfrentando a poderosas empresas extranjeras y generando presiones diplomáticas y comerciales de países como el Reino Unido y Estados Unidos. En ese momento de definición histórica, la solidaridad de otras naciones latinoamericanas, especialmente la de Cuba, se convirtió en un pilar moral fundamental para México.

El discurso de Tampico tuvo como propósito central agradecer al pueblo cubano su apoyo durante la crisis petrolera. No obstante, Cárdenas elevó ese reconocimiento a una reflexión profunda sobre la identidad latinoamericana. Destacó la “afinidad heroica” de las luchas independentistas, las “fuentes comunes de cultura” y las “tradiciones sociales análogas” que han unido —y continúan uniendo— a México y Cuba.

Asimismo, articuló una visión en la que la transformación emanada de la Revolución Mexicana no era un fenómeno aislado, sino portadora de un “sentido humano y no local”. Desde esta perspectiva, los problemas económicos y sociales —como la desigualdad y el imperialismo— afectaban de manera compartida a los pueblos de América. En consecuencia, la lucha de México por el control de sus recursos naturales también representaba la lucha de Cuba y del conjunto de Hispanoamérica por su emancipación definitiva.

Uno de los mensajes más contundentes aborda la legitimidad de la expropiación. El general Cárdenas argumentó que sería “absurdo” desconocer el derecho de México, como república independiente, a poseer el “dominio imprescriptible” del subsuelo, un derecho que históricamente ejerció la Corona española. Esta defensa no solo buscaba justificar la expropiación ante la comunidad internacional, sino que también funcionaba como una advertencia frente al imperialismo económico.

En esa misma línea, el discurso denunció la “pretendida hegemonía de un sistema” movido por el “afán de especulación y de lucro”, que despreciaba los valores humanos. En este sentido, el llamado a la “unificación efectiva de todos los pueblos americanos” no era solo un ideal romántico, sino una necesidad estratégica para contrarrestar las presiones de las potencias extranjeras que buscaban mantener el control sobre las materias primas de la región, premisa que aún mantiene plena vigencia.

Un elemento crucial es su referencia a la “lección dolorosa de la tragedia española”. En 1938, la Guerra Civil Española se encontraba en su fase decisiva. Cárdenas, firme partidario de la República española, utilizó este ejemplo para advertir sobre los peligros del fascismo y la desunión. Al mencionar “el crimen expansionista de los enemigos de la libertad”, el mandatario mexicano enmarcaba la situación de América Latina dentro de un conflicto global más amplio, instando a los pueblos a no esperar el mañana ante el desencadenamiento de la violencia armada.

El discurso de Lázaro Cárdenas en Tampico constituye un testimonio elocuente de la política exterior cardenista, basada en la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la solidaridad activa. Al dirigirse a Cuba en junio de 1938, Cárdenas no solo fortaleció un vínculo fraternal entre ambos pueblos, sino que delineó un modelo de relaciones internacionales para México: defender la soberanía popular y promover la cooperación latinoamericana frente a las presiones hegemónicas.

En sus palabras, la alianza entre México y Cuba se erigió como bastión de la justicia social y la dignidad de las naciones latinoamericanas. Este compromiso con la libre determinación de los pueblos sigue plenamente vigente para quienes integramos la Cuarta Transformación.

 

Temas relacionados

Sobre el autor

Comparte en:

Comentarios