Actualmente, México consume más de 9.1 mil millones de pies cúbicos diarios de gas natural, mientras que su producción apenas alcanza 2.3 mil millones, lo que ha obligado a importar cerca del 75% del consumo total, principalmente desde Estados Unidos.
De acuerdo con el periodista Enrique Quintana, con base en datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, las importaciones en 2025 oscilaron entre 6 mil 638 y 7 mil 500 millones de pies cúbicos diarios, evidenciando la vulnerabilidad energética del país.
Ante este panorama, el gobierno federal creó un comité científico integrado por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Instituto Mexicano del Petróleo y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, el cual tendrá dos meses para emitir una evaluación técnica sobre la viabilidad del fracking.
Potencial energético vs. viabilidad económica
México cuenta con reservas de gas no convencional estimadas entre 545 y 681 billones de pies cúbicos, lo que podría representar una oportunidad estratégica. Sin embargo, expertos advierten que no todo recurso geológico es comercialmente viable.
El analista Ramsés Pech señala que alcanzar la autosuficiencia implicaría perforar entre 3 mil y 3,500 pozos anuales durante una década, con inversiones de entre 35 mil y 45 mil millones de dólares al año, un reto mayúsculo para el país.
A esto se suma un problema clave: el costo de perforación en México es mucho más alto. Mientras en Estados Unidos un pozo cuesta entre 1 y 2 millones de dólares, en México asciende a 7 u 8 millones, lo que complica competir en el mercado internacional, especialmente con precios de referencia como el Henry Hub, que ha promediado 3.5 dólares por millón de BTU en los últimos años.
El desafío del agua y el impacto ambiental
Uno de los puntos más críticos del fracking es el uso intensivo de agua. Cada pozo requiere entre 10 y 14 millones de litros, es decir, hasta 10 veces más que una perforación convencional.
Esto resulta especialmente delicado porque las principales reservas se ubican en las cuencas de Burgos, Sabinas y Tampico-Misantla, en estados como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, regiones que la Comisión Nacional del Agua clasifica con alto estrés hídrico.
El comité deberá evaluar aspectos clave como el origen del agua, el manejo de los residuos y los costos ante posibles daños ambientales.
En términos climáticos, el fracking también enfrenta cuestionamientos. Según el Global Methane Tracker 2025 de la Agencia Internacional de Energía, el sector energético generó 145 millones de toneladas de metano en 2024, más del 35% de las emisiones globales de origen humano, lo que obliga a implementar controles estrictos, monitoreo satelital y regulación robusta.
Limitaciones de Pemex y retos regulatorios
Otro obstáculo es la capacidad operativa de Petróleos Mexicanos, que actualmente no cuenta con la tecnología ni la experiencia suficiente para desarrollar proyectos de fracking a gran escala.
Por ello, especialistas consideran inevitable la participación del sector privado mediante contratos de exploración y producción, lo que requerirá certeza jurídica y reglas claras, especialmente ante la próxima revisión del T-MEC.
Una decisión entre urgencia y evidencia
El eventual giro en la política energética de Sheinbaum refleja un dilema estructural: reducir la dependencia externa o mantener compromisos ambientales y sociales.
Como advierten especialistas, el dictamen del comité será clave para definir si México adopta una estrategia basada en evidencia técnica o responde a la urgencia energética.



