lunes, 27 abril 2026
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La ciudad que pedalea hacia el futuro

Cada vez que se anuncia una nueva ciclovía en la Ciudad de México, el ritual se repite: los automovilistas protestan, los medios de comunicación amplifican el descontento y la narrativa dominante se concentra en el carril «perdido». Así ocurrió con Insurgentes. Así ocurrió, hace apenas unos días, con la inauguración de la ciclovía «La Gran Tenochtitlán» sobre la Calzada de Tlalpan.

El 19 de abril, la Jefa de Gobierno Clara Brugada encabezó una bicirodada inaugural desde el Zócalo en la que participaron cerca de diez mil ciclistas. La Calzada de Tlalpan se convierte así en la única calzada multimodal de la capital: cuenta con Metro, ciclovía y permite el uso del automóvil en sus más de 34 kilómetros. Una obra que conecta el corazón histórico de la ciudad con el sur, atravesando cinco alcaldías.

La resistencia no tardó en aparecer. Trabajadoras sexuales se manifestaron de forma pacífica a la altura del Metro Chabacano, señalando que la obra afecta sus condiciones de trabajo. Sus reclamos son legítimos y merecen atención puntual del gobierno; la transformación urbana no puede construirse sobre el desplazamiento de comunidades vulnerables. Pero la experiencia de otras ciclovías en la ciudad ofrece una lección que vale la pena revisar antes de emitir un veredicto.

Recordemos Insurgentes. Cuando se instaló ese corredor ciclista, la reacción fue similar: caos vehicular, negocios temerosos, automovilistas furiosos. El tiempo, sin embargo, contó otra historia. Un análisis con datos del C5 de la Ciudad de México documentó que los hechos de tránsito en ese corredor se redujeron 51% entre 2016 y 2023, mientras que en el resto de la capital los siniestros aumentaron 6%. Comerciantes de zonas como Nápoles, Roma y San Miguel Chapultepec reconocieron mayor afluencia peatonal y ciclista, lo que benefició a cafés, papelerías y tiendas de conveniencia. Y lo más revelador: el 95% de los usuarios, el 54% de comerciantes y automovilistas, y el 73% de usuarios del Metrobús estuvieron a favor de la permanencia de esa ciclovía. Los mismos actores que en un principio rechazaron la obra, terminaron defendiéndola.

Los números no mienten. En 2018 se contabilizaban 267 mil viajes diarios en bicicleta en la capital; en 2024 esa cifra llegó a 456 mil 852, un crecimiento del 71% en seis años. Ese salto no ocurrió por arte de magia: fue consecuencia directa de la inversión en infraestructura. La bicicleta no creció porque la gente de repente se volvió ecologista o deportista; creció porque el gobierno le dio condiciones para hacerlo.

Y Tlalpan ya muestra señales de que la demanda existía antes de que la obra estuviera terminada. Organizaciones de la sociedad civil documentaron, incluso antes de la inauguración, 2,103 viajes ciclistas diarios en el corredor, de los cuales el 85% corresponde a trayectos cotidianos vinculados con trabajo, escuela y reparto de mercancías No es turismo ciclista: es gente que necesita moverse.

La Transformación tiene un componente que a menudo se enuncia pero pocas veces se materializa tan visiblemente: la redistribución del espacio público. Durante décadas, la ciudad fue diseñada para el automóvil privado, ese artefacto que ocupa el 80% del espacio vial pero mueve apenas el 20% de las personas. La Jefa de Gobierno reconoció que la construcción de esta ciclovía representa democratizar la ciudad, devolviéndole el territorio a ciclistas, patinadores, skaters y a quienes se mueven a pie. Eso es exactamente lo que significa poner a la gente primero.

Los retos son reales. La señalización pendiente, las obras inconclusas de la Calzada Flotante, la invasión de motocicletas al carril confinado: son problemas que el gobierno debe atender con urgencia si quiere que la infraestructura cumpla su propósito. Una ciclovía mal mantenida o respetada no sirve a nadie. Pero esos son problemas de implementación, no razones para abandonar la visión.

La historia de Insurgentes ya nos mostró el camino. La ciudad que pedalea es más segura, más equitativa y sana. La Gran Tenochtitlán no es un capricho del Mundial: es la ciudad que merecemos todos los días.

 

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