El domingo 5 de julio en el periódico Reforma, el “monero del conservadurismo”, Francisco “Paco” Calderón —a quien conozco desde que trabajó en El Heraldo de México, por ahí de los años 80—, en su cartón dominical titulado “Acabose”, sostiene que una vez conseguido el poder por la 4T echaron para atrás: la apertura energética; desmantelaron la democracia; suprimieron la justicia autónoma; cancelaron la transparencia; baldaron lo que quedaba del TLCAN, y ahora suma la censura a los medios de comunicación. ¡Vaya cosa!
Creo que ustedes compartirán mi opinión, este personaje pertenece a la prensa oclocrática, aquella que renuncia a su función de informar con objetividad y opta por alimentar los sesgos y el enojo del público masivo, para ganar notoriedad o mayor tráfico en redes sociales. En lugar de elevar el nivel del debate público, el medio se somete a los instintos más bajos de la audiencia.
Amigas y amigos, lo que observo a estas alturas, en tiempos de la Cuarta Transformación en México, es que los medios mercantiles corporativos de comunicación viven una crisis de confianza.
Partamos de que la confianza se genera por la credibilidad ganada a lo largo del tiempo, por la emisión de noticias verificadas, por tener un código de ética y porque un medio de comunicación se convierte en los ojos, oídos y boca de las audiencias.
Así como asevero que hay una crisis de confianza, también veo que la credibilidad de los autollamados medios de circulación nacional se encuentra en una crisis histórica.
Y, para muestra, un botón. Con datos de Edelman Trust Barometer— un prestigiado estudio global anual que mide la confianza pública en instituciones y medios de comunicación— se reveló, respecto a las audiencias, que solo 17% confía en la televisión corporativa, 19% confía en la radio privada y 21 % en la llamada prensa nacional de circulación en todo el país.
En menos de una década de gobierno de Morena colapsó el imperio de la prensa conservadora, aunado a la caída del último presidente del otrora todopoderoso PRI, a quien la prensa maltrató a pesar de darle cuantiosas sumas de dinero por concepto de publicidad oficial, como el “payaso bobo” del circo.
A esta crisis agreguemos lo que me dijo mi exprofesor Jenaro Villamil: el 80% de las audiencias que se informan a través de medios digitales son audiencias que están en franca rebelión contra la línea informativa y de entretenimiento de Televisa, porque está ya no tiene credibilidad.
Esto explica los bajos niveles de confianza que los ciudadanos tienen en la información que reciben de la televisión, radio y prensa, los cuales han sufrido un desgaste severo debido a la polarización política, la transformación digital y el auge de la desinformación.
No lo digo yo, el desplome en la confianza que llega a un mínimo histórico, lo afirma el prestigioso Digital News Report 2026 del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo (Universidad de Oxford), el que revela que la confianza general en las noticias en México cayó a un preocupante 31%.
Las causas del escepticismo ciudadano se deben al activismo político y polarización, porque gran parte de la audiencia percibe que los medios de comunicación y los periodistas han sustituido el rigor ético y la imparcialidad por agendas o activismos partidistas (tanto a favor como en contra del gobierno), priorizando la narrativa ideológica por encima de los hechos objetivos. Concluyo en que otro punto importante en esta oclocracia en la prensa mexicana se debe a que ante la evidente la propagación de noticias falsas (fake news), notas manipuladas y la falta de verificación en tiempo real, han hecho que el ciudadano promedio asuma una postura de profunda sospecha ante la “cabeza” de una noticia…











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