Durante una clase de la asignatura de Marketing Político en mi maestría en Periodismo, la profesora, al enterarse de que yo compartía el mismo pueblo de origen que Xóchitl Gálvez y que ella ya se perfilaba como la candidata de la derecha, me preguntó: “¿Y tú cuál crees que sea el punto débil de Xóchitl Gálvez?” A lo que yo respondí: “A Xóchitl Gálvez solo hay que dejarla que hable, que hable y que hable. Ella sola, con la lengua, se tropieza.”
Y precisamente de ellos van las siguientes líneas, de cuando la derecha hable y se desnuda de cuerpo entero tal y cual es.
En las últimas semanas, hemos sido testigos de una serie de episodios que han sacado a la luz ciertos rasgos profundos de la derecha contemporánea en México y Argentina. Estos incidentes —protagonizados por figuras como Eduardo Feinmann, Ricardo Salinas Pliego, Paty Chapoy, Pedro Sola y Natalia Torres— muestran cómo ciertos discursos conservadores revelan patrones de xenofobia, homofobia, antiderechos, clasismo y elitismo.
Comencemos con Eduardo Feinmann. En un arrebato de furia tras la eliminación de la selección mexicana en el Mundial 2026, el periodista argentino declaró en su programa de A24: «Detesto a los mexicanos, los detesto con mi alma. El ‘ahorita’ ese se lo pueden meter en el orto. Son detestables esos tipos. La envidia que los mexicanos le tienen a los argentinos, no solo en el fútbol, sino en todo. Quieren ser como nosotros y no les da el piné.». Con estas palabras, Feinmann no solo expresó desprecio, sino que recurrió a un discurso claramente xenófobo, mostrando un nacionalismo excluyente que es un rasgo clásico de la derecha.
Luego, el magnate Ricardo Salinas Pliego mostró otro rostro de la derecha: la homofobia y el desprecio personal ante la crítica pública. Cuando el periodista Jenaro Villamil comentó que la fortuna de Salinas Pliego se encontraba en declive de acuerdo con información de Forbes, el empresario respondió en X con un ataque personal y por demás homofóbico: «Los parásitos desviados como Villamil festejan que a los hombres de negocios nos vaya mal”. Esta declaración desató fuertes críticas, evidenciando cómo ciertos sectores de la derecha descalifican a sus críticos desde la homofobia.
En paralelo, dos empleados de Salinas Pliego, los conductores Paty Chapoy y Pedro Sola hicieron comentarios que evidenciaron su menosprecio hacia los derechos de los animales, a la par que criticaban a las personas que tratan con respeto y afecto a sus mascotas. Durante una emisión de Ventaneando, Pedro Sola llegó a decir: «Me dan ganas de aventarles una carne envenenada a esos perros que llevan a todas partes. Y a sus dueños que los pasean en carriolas, dan ganas de darles un balazo». Estas declaraciones, que provocaron indignación en redes y respuestas de organismos protectores, muestran un patrón antiderechos, típico de una derecha que se resiste a reconocer nuevas agendas sociales.
Finalmente, Natalia Torres, abogada cercana al PAN, cayó en una polémica debido a sus comentarios clasistas y elitistas sobre el voto en México. En el podcast «Leo y Nacho», Torres sugirió que no todos deberían votar y que el derecho al sufragio debería estar condicionado por el nivel educativo: «¿Todos deberían votar? Yo creo que no. Hay que tomar en cuenta el nivel de preparación para que el voto tenga valor». Esta idea refleja el clasismo y elitismo de una derecha que busca restringir la democracia a ciertos grupos privilegiados.
En conjunto, estos episodios no son simples deslices individuales. Son ventanas que nos permiten observar a una derecha al desnudo que, en su intento de reafirmarse, recurre a discursos de xenofobia, homofobia, antiderechos, clasismo y elitismo.







Deja una respuesta