Como corolario, se justifican atrocidades en espacios de representación bajo el lema “Más territorio y menos escritorio”. La frase obradorista se refiere al seguimiento de los asuntos que no deben delegarse, especialmente los relacionados a la supervisión de la obra y los programas para el bienestar, donde históricamente se han cometido desfalcos millonarios.
En los últimos años, los perfiles con capacidad de movilización han ganado posiciones en áreas estratégicas de gobierno que requieren habilidades de gestión, conocimiento en administración pública, monitoreo de indicadores, revisión de reglamentos y plena coordinación con los sectores público y privado. Esto propicia que proyectos estratégicos no se concreten por falta de conocimiento y visión estratégica.
La popularidad de morena como partido y de la 4T como movimiento articulador es tan amplia que no necesita sacrificar la eficiencia para garantizar triunfos electorales, que es donde se cometen descuidos que ponen en duda la sintonía de una administración estatal y una federal.
Si bien, la correlación de fuerzas se da en la calle, debe ser el partido el espacio principal que acoja a quienes tienen habilidades de organización social y convocatoria.
Más escritorio no significa pereza, desapego ni mucho menos soslayar el sentido social del gobierno. Hablar del escritorio implica asumir una responsabilidad técnica que impacta en la vida cotidiana de todo tipo de personas. La administración pública es multidisciplinaria, por lo tanto, debe implementarse con creatividad, innovación y perspicacia.
Si algo sobra en tiempos del Segundo Piso de Transformación, como lo demuestra el proselitismo de quienes aspiran a ocupar las coordinaciones estatales en su defensa, son visitas territoriales para hablar de las bondades del proyecto. Bien vale la pena preguntarnos ¿qué se dice en la calle? Aquí es donde tiene cabida el trabajo de escritorio.





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