Señor Presidente:
Tengo enorme curiosidad en saber quiénes son sus principales asesores, con quienes toma las decisiones trascendentales y si en charlas esas miran el impacto de estas. Me interesa a sobremanera saber cuáles son las motivaciones principales para haber tomado la decisión sobre el acuerdo del ejecutivo federal que instruye a las dependencias y entidades de la administración pública federal a considerar de interés público y de seguridad nacional algunas obras, pues se trata de un mecanismo de excepción por 12 meses —a través de un procedimiento de autorización por la afirmativa ficta en un plazo no mayor a cinco días para tener los permisos— donde, además de ser juez y parte, ahora deberá ser rápido y de buenas.
Escuché su argumentación en la conferencia mañanera y fue esta la razón por la que hago algunas reflexiones en esta contribución. Seguramente, y usted lo ha dicho, la burocracia —y la corrupción asociada— es el principal enemigo de los proyectos fundamentales de infraestructura que usted encabeza; seguramente, también lo ha expresado antes, este mecanismo que usted acaba de anunciar asegurará evitar la corrupción… Sin embargo, creo que lo más importante ,y seguro usted de esto está convencido, es que sus enemigos o adversarios, como llama a los conservadores y sus aliados, buscan cualquier estrategia para frenar las acciones fundamentales de la Cuarta Transformación. ¡No lo voy a negar! Esos contrincantes se colgarán de cualquier argumento legal o legaloide para bloquear o boicotear las obras más emblemáticas de su administración como el Tren Maya, el aeropuerto Felipe Ángeles, la refinería Dos Bocas —y la reconfiguración de otras refinerías como la de Tula, Minatitlán, y Coatzacoalcos— y su reformas fundamentales —la eléctrica, y la del poder judicial—… Aunque de paso le digo que estoy absolutamente de acuerdo con la razones y motivaciones para estas reformas estructurales.
Lo que me inquieta es lo que no le dicen. Por ejemplo, soy testigo de que desde mediados de 2018 —es decir, hace tres años o más— ha habido tiempo suficiente para tener estudios claros y contundentes para garantizar que el Tren Maya se desarrolle con las debidas protecciones ambientales; lo mismo le puedo decir de los demás proyectos como Dos Bocas o el canal interoceánico. En otra columna de este medio hablé sobre mis encuentros fugaces con parte de sus colaboradores para contribuir con mis talentos y experiencia —así como con los de otros colegas y empresas mexicanas—, convencido por su proyecto de país, con formación, honestidad y compromiso. Estos esfuerzos fueron todos para apoyar sus grandes obras. La mayor parte de los casos son relegados o bien utilizan su información, recomendaciones, experiencia y estrategias para ser aprovechados por consultoras internacionales (españolas chilenas inglesas francesas, etc.) que se pavonean por las oficinas de Fonatur y de Pemex, cobrando costos millonarios que, en el mejor de los escenarios, subcontratan a los talentos mexicanos —que son quienes sacan la chamba y dan la cara—. Me cuesta trabajo creer que solo esa camarilla maravillosa de empresas extranjeras son empresas honestas. Sé que, en varios casos, sucede todo lo contrario.
Eximir en el tema regulatorio y ambiental que es lo que más me ocupa y preocupa; significa que en materia de regulaciones ambientales se podría evitar la mitigación de los efectos de los proyectos. Pongo un ejemplo: la colocación de los pasos de vida silvestre perfectamente bien estudiada por grandes talentos mexicanos, que ni siquiera sea considerada por las empresas constructoras del Tren Maya, o bien que se pongan donde les antoje o donde salga más barato, así solamente encubren con un trámite falso.
Todo esto lo digo habiendo ya señalado en otras columnas en este mismo espacio que la prisa es la peor enemiga de que las cosas salgan bien hechas. Tres años después hemos logrado la inclusión de condiciones ambientales para garantizar los proyectos desde una perspectiva de sustentabilidad ambiental asociada en algunas obras de gobiernos locales y federal. En consecuencia, no podemos estar a favor de que evitar la corrupción sea la razón principal para este acuerdo, que voy a llamar de simplificación administrativa.
Sr. Presidente, el problema está en otro lado; nuevas y viejas empresas que se están haciendo millonarias a costa de nuestro futuro sustentable con los proyectos que usted impulsa. Muchas de ellas no tienen escrúpulos, creo que lo único que les importa es maximizar sus ganancias. Las estaciones del Tren Maya, mal llamadas “polos de desarrollo” son, para decirlo en pocas palabras, una irrupción a las formas, costumbres y perspectivas culturales del futuro del hábitat y de sus habitantes.
Una amiga querida, funcionaria pública, me decía hace poco que solo las grandes empresas aguantan los impagos de gobierno. La gente capaz y honesta que quiere construir un futuro mejor para México acaba siendo marginada, porque son estas trasnacionales de la consultoría internacional y grandes empresas mexicanas las que acaparan el mercado, lo que deja fuera a talentos que no pueden ser parte de este ya que no resisten esta dinámica perversa, o bien no están de acuerdo con la corrupción directa disfrazada —como “lobos en piel de ovejas” — e inserta en la Cuarta Trasformación que usted impulsa.
En síntesis, Sr. Presidente, nos enfrentaremos a varios problemas. Uno es el conjunto de amparos, demandas, controversias a nivel nacional, regional e internacional sobre este acuerdo; el segundo será que no sorprenda que está laxitud en las autorizaciones vaya en contra del Tratado de Libre Comercio con Canadá y los Estados Unidos; y el tercero es que algunas obras sean detenidas por presiones sociales que no se sientan escuchadas… Existen muchos espacios frágiles que pueden revertirse en el corto y mediano plazo.
Como he dicho, me gustaría conocer otras razones, pero ahora me gustaría más que usted escuchara otra perspectiva. No todos los que externamos preocupaciones somos conservadores, corruptos y, como dicen, le hacemos el juego la derecha… Somos mexicanos y mexicanas que confiamos en usted. La naturaleza, las personas, los pueblos rurales y el futuro perdurable están al igual en su proyecto. ¡Por favor, escuche otras voces!




