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De santos y políticos

Para los católicos la santidad no es sinónimo de divinidad, tampoco de perfección, no se trata de una idea inalcanzable, pues en sí, la santidad es algo exclusivo para los seres humanos no necesariamente perfectos y cercanos a una idea divina, sino a seres llenos de errores y contradicciones que en algún momento de sus vidas se encausaron a ayudar a quienes más o necesitan. En el catolicismo hay santas y santos de todo tipo de origen, mujeres y hombres que dedicaron buen parte de sus vidas a la lucha por la paz o por los desfavorecidos, y entre este amplio mosaico se encuentran algunos políticos.

Aunque la palabra “santo” es una palabra muy fuerte para el oyente y pareciera contraponerse a lo que el imaginario colectivo concibe por política, políticos beatificados y canonizados existen, y lo curioso es que, muchos de ellos, fueron figuras apegadas a ideologías comunistas, socialistas o antifascistas, que coinciden con el mensaje de colectividad y preferencia por los pobres que tanto se repite en la iglesia católica, aunque muchos de sus líderes o practicantes hayan entendido lo contrario, pero ese es tema aparte.

Citando al portal “Jesuitas” la política auténtica, la política sana, es una forma privilegiada de ejercer la caridad cristiana buscando el bien de la sociedad. La frase anterior me recordó a un mensaje que le escuché decir a un apreciado presbítero hace tiempo “hay mucha gente que dice que no le interesa la política, pero interesarse por la política es de cristianos, porque no hay cosa más cristiana que preocuparse por el rumbo que tendrán las vidas de nuestros hermanos más necesitados”. Ni la política ni la religión son malas per se, es la instrumentalización que se hace de ellas lo que las determina.

Nos queda claro que la religión católica es otra de las tantas “herencias” (a veces impuestas) de la colonización española a América Latina, pero como muchas otras cosas heredadas de aquel evento que cambió el rumbo de la historia universal, no ha estado libre de sincretismos, para ejemplo de ello tenemos la celebración del Dia de Muertos, el culto a la Santa Muerte y la imagen de la Virgen de Guadalupe. América Latina también tiene a sus beatos y a sus santos, por eso resulta fascinante como es que el pueblo latinoamericano legitima ciertas características de lo que consideran como santidad en personajes polémicos, no libres de válidos cuestionamientos, comentaba como ejemplo, el caso de la política argentina Evita Perón, a la que mucha gente se refiere a ella como “santa” y a la cual se ha intentado beatificar; también exponía sobre el mito que se cuenta con respecto al cuerpo de el “Che” Guevara, aquel en el que se narra cómo las monjas del hospital al que fue trasladado su cadáver y las mujeres de la comunidad, expresaron que tenía cierto parecido con Jesús y procedieron a cortar mechones de su cabello para guardarlos a modo de amuleto. Hay un interesante por qué de esos comportamientos, la mítica entre la persona humana y el personaje divino, todo ello está inmerso en la cultura y por consiguiente las interpretaciones que la gente hace a partir de ideas compartidas.

Como miembro de una comunidad católica y persona interesada en la política me resultó interesante escribir sobre el tema, porque más allá de lo que a priori deduce mucha gente, hay quienes aun profesando una religión disentimos de la posibilidad de la existencia de una verdad absoluta y encontramos en cada caso un cúmulo de interesantes cuestionamientos de distinta naturaleza, personalmente encuentro que lo que nos puede inquietar a veces cuando se introduce el tema de la religión son las distintas maneras de entender los conceptos que empleamos.

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