El pasado 5 de mayo la cantante británica Adele celebró su cumpleaños con la publicación de una fotografía donde podemos apreciar un notorio cambio en su físico. Desde el año pasado hemos visto una transformación en la cantante debido a la pérdida de peso, lo cual ha generado pólemica entre sus seguidoras y también entre los medios de comunicación.
Desafortunadamente a pesar de ser una exitosa cantante con numerosos premios desde 2011 a 2017, hoy en día el mayor tema de conversación alrededor de ella es lo irreconocible y fabulosa que se ve delgada, ¿es necesario estar hablando del peso que perdió?
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en 2016 había más de 1900 millones de adultos con sobrepeso y mas de 650 millones con obesidad –y a pesar de que la obesidad y sobrepeso son un tema de salud pública que requiere compromiso para combatirse–, también tenemos otro extremo donde la discriminación a las personas obesas se da únicamente por un tema estético.
La gordofobia es un sesgo discriminador contra las personas que padecen obesidad y sobrepeso, sobretodo podemos apreciarlo con las mujeres. Y es todo parte de un gran monstruo donde al final, los culpables siempre son el capitalismo y el patriarcado. ¿Y cómo no? A las mujeres les encanta comprar, pero sobretodo comprar para verse bien… (sarcasmo).
El cuerpo de la mujer y su erotización han sido utilizados durante décadas como herramientas publicitarias para vender más, pero en este camino también se han dedicado a construir una imagen colectiva de lo estético; una mujer bonita es una mujer delgada, delgada incluso hasta los huesos.
¿Y la salud? La salud debería ser lo más importante, sin embargo al momento de ver un desfile de modas o un aparador nadie piensa: me veré súper saludable con eso. Estamos tan inmersas en la cosntrucción de lo feminino y lo atractivo que ni siquiera pensamos en nuestra salud física y mental.
La presión que estos estándares de belleza ejercen sobre las mujeres es dañina al grado de que muchas mujeres han odiado su cuerpo, ejerciendo actitudes violentas en contra de nosotras mismas; puede ir desde niñas de 10 años haciendo estrictas dietas o mujeres que comen únicamente manzanas durante 3 días para verse bien en un evento el fin de semana.
Es importante diferenciar el gusto que podría tenerse porque una celebridad como Adele hoy en día tenga un estilo de vida mucho más saludable que porque es una persona mucho más atractiva o por lo menos a los ojos de la gordofobia.
Una persona delgada no necesariamente es sinónimo de una persona saludable, los factores de riesgo en enfermedades no transmisibles no están limitados al peso, la OMS también reconoce al tabaquismo y el calentamiento global, entre otros, como factores de riesgo.
Y no, no estoy hablando de que no nos interese lo que comemos o el realizar actividad física, pero sí que debemos dejar de hablar específicamente de si una persona se ve bien o mal con el peso que tiene o que ha perdido para comenzar a discutir sobre la salud de los entornos en los que vivimos.
Nuestro ambiente es obesogénico. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición del año 2012, en México entre el 57.8% y 84.6% de los individuos, dependiendo el grupo de edad y sexo, tienen un consumo usual inadecuado de azúcares añadidos.
Este año gracias a una constante lucha de la sociedad civil y al trabajo legislativo, a partir de octubre contaremos en México con un nuevo etiquetado que permita advertir a quienes consumen sobre los excesos de contenido calórico, sodio, carbohidratos, grasas saturadas y edulcorantes.
Debemos buscar superar la barrera estética para caminar hacia la salud integral en la que lo más importante no sea cumplir con el estándar estético de lo atractivo, sino buscar la salud física y mental como un único fin.



