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La silla rota de la oposición

La oposición mexicana se encuentra en el suelo. Y esto no lo digo yo, es literal. En días pasado, se volvió viral en redes sociales la caída del “líder” de su silla rota del Frente Nacional Ciudadano (FRENA), Gilberto Lozano, hecho que sucedió durante su transmisión en vivo, mientras ofendía y menospreciaba -como de costumbre- a los que confiamos en el proyecto de nación de la Cuarta Transformación de México.

Hago referencia a Gilberto Lozano porque personifica perfectamente a la derecha mexicana, y no precisamente por ser fiel creyente de la virgen María y de sus supuestas manifestaciones dentro de su programa. Es el arquetipo del conservador promedio con delirios de grandeza: es profundamente aspiracionista, clasista, racista y homofóbico. Y, como es de esperarse de cualquier conservador, responde de manera iracunda a todo individuo que piensa distinto, pero, eso sí, nunca lo cuestiones porque será condenado a muerte. Así como él de penosa es la “oposición” en nuestro país.

Lamentablemente, en la actualidad, no tenemos una oposición digna de llamarse así. Una oposición que esté a la altura del Pueblo mexicano y pueda hacer frente al momento histórico por el que estamos viviendo, una oposición que represente y concentre idóneamente a quienes no coinciden con las políticas sociales del nuevo gobierno. Desde la victoria de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México, nacieron y murieron organizaciones como FRENA, Sí por México o Todos Unidos contra el Movimiento Regeneración Nacional (TUMOR). Todos han sido intentos de bloque de derecha, impulsados por personajes rancios y desprestigiados como el homofóbico y transfóbico Gabriel Quadri, la súper “académica” Denise Dresser, el empresario de “izquierda” Claudio X. González, el huachicolero de Javier Lozano, el genocida Felipe Calderón y hasta Vicente Fox.

Por un lado, tenemos al PAN con sus disputas internas y sus alianzas desesperadas que traicionan a su mística y a su dogmática partidista. Es tan notaria la desesperación que se reúnen con grupos de ultraderecha de corte fascista, como VOX, en el Senado de la República un día, y al día siguiente desmienten dicha reunión. O bien, hacen alianzas con partidos de supuesta izquierda como el PRD y el PRI con tal de ganar un escaño o curul. Es una completa quimera que busca sobrevivir a toda costa. Y ya ni hablemos del referente y prófugo de la justicia, Ricardo Anaya, quien tiene próxima audiencia el 14 de febrero ante la Fiscalía General de la República por los delitos de lavado de dinero y asociación delictuosa. Son puras incoherencias, como diría el meme.

Por otro lado, tenemos al partido conservador naranja, Movimiento Ciudadano, quien no cuenta con buenos gobernadores: Enrique Alfaro en Jalisco (estado con graves problemas de seguridad y altos índices de secuestro) y Samuel García en Nuevo León, quien junto a su esposa Mariana Rodríguez más que gobernar trabajan por impulsar una campaña de popularidad en redes sociales para mercantilizar y capitalizar las múltiples tragedias de infantes en dicho estado. Ya varias organizaciones de la sociedad civil se han manifestado contra las acciones de Mariana, que se pueden considerar como actos que constituyen un delito en perjuicio de los menores.

De igual manera, desde el norte del país, están apostando por Luis Donaldo Colosio Jr., quien realmente conocido por ser hijo del gran Luis Donaldo Colosio, asesinado  por la misma derecha que MC defiende. Qué poca memoria tienen.

MC busca posicionar a Luis Donaldo a billetazos en diversas encuestas como presidenciable cuando no ha tenido un solo mérito político para ello, más que la credencial de apellido que poco les ha servido. En la sur de México, proponen a un personaje lejano a las necesidades del Pueblo de Quintana Roo y apuestan por otro reality show impulsando Roberto Palazuelos. Y ni mencionar que, recientemente, reconoció haber matado a dos hombres y lo narra como si fuese un triunfo electoral.

Desde la trinchera mediática tienen a líderes de opinión como son Pedro Ferriz Hijar -quien ha sido detenido en Estado Unidos en varias ocasiones por sus problemas de alcoholismo-, los periodistas Joaquín López Dóriga, Loret de Mola y Víctor Trujillo (amantes de los montajes mediáticos y quienes fueron penosamente exhibidos con los casos de Florence Cassez o el de Frida Sofía, supuesta niña que estaba bajo los escombros de un colegio que se derrumbó a consecuencia del terremoto del 2017). Sin embargo, nunca se atrevan a cuestionar su “trabajo profesional” porque es contrario al ejercicio de un periodismo libre e imparcial.

Así como Gilberto Lozano se cae a consecuencia de una silla rota frente a todos, la oposición en México se cae una y otra vez frente a los mexicanos a consecuencia de una credibilidad fragmentada, una legitimidad rota por sus constantes fallas tanto en la administración pública como en los cargos de elección popular. La oposición mexicana rompió de raíz su relación hasta con los que no coinciden con la Cuarta Transformación y con lo que realmente necesita México.  Lo que les queda, si es que quieren conservar su (nula) credibilidad ante la población, es la reivindicación y reconstrucción para que puedan llegar a figurar seriamente en la consolidación de la vida democrática de México.

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