En el largo recuento del discurso de la ignominia, esgrimido por personajes que hablan mucho pero entienden poco al partido en el poder presidencial, abunda el dicho –que suena más a deseo que a reflexión– de que Morena es «el nuevo PRI».
La argumentación es desternillante. Con una compulsión patológica por la falacia de evidencia incompleta, acusan que ese partido es una reedición del tricolor porque en el círculo presidencial, gabinete y otros espacios hay personajes como Manuel Bartlett, Esteban Moctezuma o el propio López Obrador, que iniciaron su vida pública en el PRI.
Sin saber distinguir partido y gobierno (ya que las labores de Bartlett o Moctezuma nada tiene que ver con la vida interna de Morena), asumen que esos ejemplos bastan para etiquetar la totalidad del partido como «el nuevo priismo». Cosa que asimismo abre otro misterio: ¿qué entenderán por «Morena es nuevo PRI»? ¿Pensarán en la corrupción añeja del tricolor o en el proyecto de nación reformista que ciertos líderes en su seno impulsaron? ¿Pensarán en el viraje neoliberal del tricolor en los ochenta o en el nacionalismo revolucionario? ¿Pensarán en el partido que era autoritario al interior pero progresista al exterior? Muchos de esos voceros del absurdo parecen tampoco tener claro que es el PRI para ellos… y aun así lo usan para descalificar a otro partido que menos aún entienden.
Sin saber distinguir partido y gobierno (ya que las labores de Bartlett o Moctezuma nada tiene que ver con la vida interna de Morena), asumen que esos ejemplos bastan para etiquetar la totalidad del partido como «el nuevo priismo». Cosa que asimismo abre otro misterio: ¿qué entenderán por «Morena es nuevo PRI»? ¿Pensarán en la corrupción añeja del tricolor o en el proyecto de nación reformista que ciertos líderes en su seno impulsaron? ¿Pensarán en el viraje neoliberal del tricolor en los ochenta o en el nacionalismo revolucionario? ¿Pensarán en el partido que era autoritario al interior pero progresista al exterior? Muchos de esos voceros del absurdo parecen tampoco tener claro que es el PRI para ellos… y aun así lo usan para descalificar a otro partido que menos aún entienden.
Siempre resulta sorpresivo cómo el medidor absurdo de esa aseveración -la falacia de evidencia incompleta- tiene un doble rasero inexplicable. Fox tuvo en su gabinete y en sus propuestas de colaboración a los expriistas –o exfuncionarios durante el priismo– Gil Díaz, Guillermo Ortiz, Santiago Levy, Benjamín González o Florencio Salazar. Felipe Calderón tuvo a los expriistas Javier Lozano, Miguel Ángel Yunes, Agustín Carstens o Luis Téllez. Y se trataba no de priistas con convicciones nacionalistas sino muchos de ellos eran tecnócratas neoliberales, porros inmundos (como Lozano o Yunes) y oportunistas corruptos. ¿Por qué nunca se hizo escarnio de estas relaciones del PAN con expriistas para señalar al blanquiazul como «el nuevo PRI»?
El desacierto nace menos de la ignorancia que de la mala fe. Cualquiera, por ejemplo, moriría de risa al pensar que el PAN en tiempos de Fox se perredizó sólo porque en su gabinete y colaboradores el asno guanajuatense tuvo a ex cardenistas o similares como Adolfo Aguilar Zínser o el señor Jorge Castañeda. El absurdo en cambio sí aplica cuando se trata de descalificar al partido que hoy está en el poder.
Lo que sí no se alcanza a explicar es cómo este cuento reduccionista perdió, literalmente de la noche a la mañana, vigencia. Una vez instaurado el mandato de AMLO en 2018, parte central del discurso panista opositor radicó en la existencia de un presunto «PRI-MOR». Cuando en julio de 2020 un grupo de intelectuales, encabezados por el señor Roger Bartra, Francisco Valdés y Enrique Krauze, decidieron que era hora de formalizar al PRIAN y dotar de sentido ideológico esa unión, el presunto «PRI-MOR» se desvaneció por completo.
Pero la falta de rigor y honestidad intelectual de cierta franja opositora no deja espacio para la inteligencia. Hoy son capaces de, sin ningún pudor, seguir gritando que «Morena es como el PRI», e incluso en el mismo párrafo de su dicho, o a veces incluso en el mismo enunciado, llaman a votar por el PRI. El lapsus visto en Santiago Creel hace poco es revelador de esta indecencia intelectual.
De entre la gama de artilugios opositores, han emanado los inventos más febriles para descalificar al proyecto de López Obrador. Ayer fue «el PRIMOR» y «los 30 millones de idiotas». Hoy parecen querer hacer crecer a un mito más ridículo: «por AMLO y Morena votan los narcos y delincuentes».
Sus aseveraciones en 2018 ya eran alarmantes. Parece que ahora querrán rebasar la línea y volverlas peligrosas.




