viernes, 1 mayo 2026
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Bella Ciao: adiós al neoliberalismo

La Bella Ciao inundó de esperanza los balcones de Italia durante el pico de la pandemia. La canción que simboliza la resistencia antifascista fue entonada a capela el 25 de abril -con instrumentos improvisados, palmadas, sentimiento y lágrimas- en el contexto del 75 aniversario de la liberación de la ocupación Nnazi. Ante un enemigo invisible que ronda las calles con la guadaña afilada, la Bella Ciao de los partisanos renació como himno de un pueblo indefenso pero inquebrantable, que se niega a aceptar ver a sus hijos morir en pleno siglo de la biotecnología y la genómica.

 

No ha sido para menos, los gobiernos de Reino Unido, Italia, Francia, y España han mirado su enorme vulnerabilidad institucional ante la crisis sanitaria. La elite de Estados Unidos ha acreditado que sus héroes y ficciones solo fueron útiles para llenar salas de cine. Brasil con el “negacionismo” asumido por su presidente ultraderechista vuela sin escalas al desastre. Los gigantes económicos del mundo occidental parecen tener pies de barro. Sin entrar en las poco éticas comparaciones, los informes globales presentan a estos países encabezando los lamentables decesos por Covid-19.

 

El economista Claudio Katz dice sobre la pandemia: “Estamos en presencia de una calamidad natural potenciada por el capitalismo contemporáneo” e indica el factor central de la crisis: “La ausencia de correlato sanitario al avance registrado en la globalización de la producción y el consumo. Se fabrica y consume con patrones mundiales, en un marco de estructuras de salud invariablemente nacionales. Esa contradicción salta a la vista en la monumental expansión -sin resguardo sanitario- que tuvieron la aviación, los hoteles o el turismo. Se internacionalizaron actividades lucrativas, preservando las fronteras en un ámbito como la salud, que involucra mayores riesgos e inciertas ganancias.”

 

Immanuel Wallerstein (1930-2019) pensador contemporáneo que describió y analizó “el sistema-mundo” y fue uno de los principales críticos de los déficits de la globalización, advirtió iniciando el siglo XXI: “El sistema capitalista ha entrado en una crisis estructural. ¿Cuánto tiempo estaremos en este estado de caos? ¿Y cómo será? Será un periodo terrible para vivir, pasarán cosas horribles en todas partes y será muy difícil soportarlo.” 

 

El mundo camina en el filo, pero es una vitrina donde es poco posible se oculten datos de: ganancias de monopolios farmacéuticos y laboratorios ante nuevas enfermedades, acaparamiento y encarecimiento de medicinas, daños al medio ambiente por la agroindustria, costos sociales del consumismo exacerbado, consecuencias destructivas para la salud del abuso de alimentos industrializados y comida chatarra, entre otros. Por ello, se observan con nitidez condiciones para cambiar ya esta realidad. 

 

En este contexto se circunscriben los documentos presentados por el Presidente de México, Lecciones de la pandemia (3 de mayo) y La nueva política económica en los  tiempos del coronavirus (15 de mayo). Ambos realizan un diagnóstico y propuestas que prevén la discusión en la etapa post- Coronavirus. “El COVID-19 no es la causa principal de la recesión económica global. La pandemia solo vino a precipitar, en medio de un tremendo agotamiento, el derrumbe del modelo neoliberal en el mundo” ha señalado AMLO.

 

¿Qué sigue? ¿Qué sistema? ¿Qué modelo? Nuestro Presidente y otros países como Nueva Zelanda, han comenzado a cuestionar las fórmulas vigentes y el simplismo de que el progreso signifique acumulación de riqueza. La isla ha dicho que deja de lado el Producto Interno Bruto como indicador de medida del desarrollo nacional y adopta el Indicador de Bienestar para tal fin. Esta nueva forma de medir el desarrollo económico priorizará la mejora en la calidad de vida frente a los indicadores económicos ortodoxos. 

 

El fetiche del PIB se desmorona, ¿De qué sirve el indicador del crecimiento económico si contrasta con sistemas de salud desmantelados, políticas sanitarias de prevención nulas e inversión escasa en investigación científica para estudiar nuevas enfermedades? El problema sigue siendo la distribución de la riqueza.

 

En México, el neoliberalismo se instauró a partir del gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988), el entonces Secretario de Programación y Presupuesto Carlos Salinas fue el arquitecto; personaje que en 1988 se robó la presidencia para seguir las recetas del “Consenso de Washington” (1989) y los años siguientes ha sido su ideólogo, benefactor, y promotor -abierto o soterrado-.  El PAN se regodeaba que Salinas y el PRI gobernaron sexenios enteros con “el programa económico del PAN”.

 

De las privatizaciones hicieron dogma. Lo vendieron todo en detrimento del desarrollo nacional: bancos, industria azucarera, industria siderúrgica, fertilizantes, teléfonos, ferrocarriles, aeropuertos, líneas aéreas, petroquímica, petróleo, electricidad, tierras ejidales, playas. El neoliberalismo en realidad concentró la riqueza en unas cuantas manos y acrecentó la brecha de desigualdad.

 

La 4ª Transformación pretende remontar 37 años de neoliberalismo. En un escenario de adversidad ante la pandemia y sus graves secuelas, se construye una alternativa, acorde a nuestra idiosincrasia; que enfrenta la virulenta reacción de la derecha golpista.

 

La génesis de la Nueva Política Económica surge de cinco elementos básicos: democracia, justicia, honestidad, austeridad y bienestar. Una evidencia son los nuevos programas sociales que “han sido uno de los factores que explican el éxito en la reducción de la movilidad y las medidas de confinamiento adoptadas para mitigar los contagios de COVID-19, millones de beneficiarios han podido permanecer en sus viviendas porque disponen de un ingreso que les permite solventar al menos las necesidades más acuciantes.”

 

Desde el momento que la pandemia y la crisis son globales, las respuestas sólo pueden prosperar en el mismo plano. En México hay condiciones y voluntad para transitar a nuevos paradigmas y contribuir a un mundo diferente.

 

La mirada en nuestra región será fundamental para el porvenir. Uruguay se mantiene a la vanguardia, Argentina revalora los hospitales públicos, Cuba sigue dando ejemplo al mundo y exporta médicos. En el lado oscuro, Chile utiliza la pandemia como pretexto para reprimir la rebelión popular, y Bolivia tiene un  gobierno ilegal e ilegitimo que se caracteriza por racista, mesiánico y represor aun durante la contingencia.

 

“El invasivo” y viejo esquema neoliberal, ya sea en forma de virus, derecha golpista o neofascismo (aunque parezca increíble existe como ideología de algunos gobernadores en México), debe encontrar respuesta en las experiencias de resistencia del propio pueblo. Parafraseando a López Obrador “Nos salvamos todos o no se salva nadie”. La Bella Ciao late en los corazones que no se rinden. Es la hora de decir adiós al neoliberalismo. “Una mañana, me he despertado…”

 

 

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