Con la Revolución mexicana corrió mucha tinta autobiográfica. Cada personaje con cierto relieve en el horizonte de aquel movimiento armado se esforzó por dejar una estela de recuerdos, un registro de percepciones, presunciones y contribuciones, para que el tiempo no los borrara, y que ellos, como protagonistas, pudieran persistir en la memoria de la gesta. Fue sin duda, un momento único de la literatura en México. Hubo de textos a textos: unos más ambiciosos que otros; unos más sistemáticos que otros. En el caso de los apuntes del General y expresidente Lázaro Cárdenas del Río –que he estado leyendo últimamente en una antigua edición de la UNAM– llaman la atención varios elementos.
Desconozco por completo la afición o interés personal del General Cárdenas en dejar por escrito sus andares (desde qué, cuándo lo hizo, o cómo lo empezó a considerar), pero es clara su disciplina u obsesión por escribir todos los días: que no pasara paraje sin mínimo puntualizar su presencia allí. Eso es lo primero que es posible ver en estos apuntes autobiográficos, que más bien asemejan un diario de campo: la amplia movilidad del General; casi todos los días estaba en un pueblo diferente al que estuvo una noche anterior. Caminar el territorio como una costumbre; como una forma de ser y hacer gobierno popular.
Entre reflexiones coyunturales, en los apuntes del General Cárdenas se asoman pensamientos más profundos sobre la Revolución, tratando de defenderla contra quienes la denostan por sus resultados o por la corrupción que la corroía. El expresidente apuntó, por ejemplo: «Si a la Revolución se le hace el cargo de que muchos de sus hombres lucran con los puestos públicos, la Revolución misma acabará con ellos, en sus propias personas o en la de sus hijos, si estos heredan las lacras de sus padres». Y como un eco de aquellas palabras: «Las lacras humanas obstaculizan, pero no detienen ni menos matan el espíritu de anima a los pueblos en su afán de elevarse».
Igualmente, un dato constante llama la atención. A diferencia de la imagen que los intelectuales conservadores han buscado moldear del General Cárdenas, como un personaje que, contrario al grupo de los sonorenses, no era «un comecuras», supuestamente porque siempre que llegaba a una comunidad saludaba primero al padre de la iglesia, la verdad es que los diarios de nuestro personaje no lo revelan así. Sin embargo, de esto hablaremos en nuestro próximo texto para El Soberano, dedicado a hablar de los diarios del General Lázaro Cárdenas.




