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El racismo que México no acepta

La evidencia estadística del auge de la discriminación por el color de la piel y su impacto en la vida de los mexicanos es contundente, sin embargo, en el país latinoamericano, el problema apenas comienza a aflorar.

México se ha hecho la vista gorda ante el racismo, pero siempre ha estado ahí. El velo de distinción se extiende desde los ángulos más públicos hasta los más íntimos y lo cubre todo: una oportunidad para estudiar y conseguir un trabajo estable; la condena por un delito que no se cometió; la utilización de anticonceptivos en contra de la voluntad, o la entrada a un bar, restaurante o centro comercial. Las noticias y los dramas de televisión, las redes y la avalancha de comerciales ambiciosos se han exportado a docenas de países con héroes rubios y blancos, pero con villanos de cabello negro. Se decía que «teníamos que mejorar nuestra raza» a la hora de buscar pareja; que «trabajábamos como un negro» cuando llegábamos a casa, y nos pedían que «no fuéramos indios». La lista de frases y dichos racistas es interminable, pero debajo de ellos hay una verdad ineludible: el estigma de ser llamado «indio rojo» o «negro» todavía marca la vida de las personas, lo que pueden pedir y hasta dónde se les permite llegar. . .

En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el documental El racismo que México no quiere ver abre un debate sobre las condiciones en las que este tipo de discriminación persiste en el país y afecta la vida del ciudadano. Además, también se celebró una mesa de debate con la participación del actor Tenoch Huerta y los guionistas Brenda Lozano, Yásnaya Aguilar y Emiliano Monge, así como distintos académicos de México, moderada por Javier Moreno, director de El País en Estados Unidos.

«En México es más fácil hablar de política, fútbol y religión que ser racista», explica el actor Tenoch Huerta, quien tuvo que esperar más de ocho años para conseguir su primer papel en la película. «Él no es de ninguna raza representativa, no tiene apellido y no es blanco», dijo. «Se puso al final de la cola, con personas que nunca tuvieron la oportunidad y siempre chocaban con puertas cerradas». Hasta que alguien olvidó cerrar la puerta con llave y consiguió su primer gran papel como jardinero en Déficit, la ópera prima de Gael García Bernal. Recientemente Tenoch anunció el último filme en el que aparecerá, Wakanda forever, como el villano “Namor” en el MCU.

La historia de Huerta no es una historia de superación personal, sino una anomalía en el sistema. La apariencia es una de las principales causas de discriminación en México, y más de la mitad de los indígenas y afrodescendientes reportan poco o ningún respeto por sus derechos, según la Encuesta Nacional de Discriminación (Enadis). «La separación entre raza y etnia es estructural, porque se basa en el sistema social y el equilibrio de poder que tiene antecedentes históricos en el país desde hace muchos siglos y se repite constantemente en la sociedad, por lo que su impacto también es estructural», explicó Patricio Solís, investigador del Colegio de México. «Sin embargo, nos han enseñado que “el cambio está dentro de nosotros” y “lo queremos”, y nos dicen que nos avergoncemos de nosotros mismos y esto nos confunde hasta el punto de que no definimos lo que eso significa todos los días», agregó Judith Bautista, investigadora de origen zapoteca y directora de la Organización para la Erradicación del Racismo en México. María Elisa Velásquez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), comentó: «El racismo, que ha sido un discurso y una ideología, ha estado activo en México desde el siglo XVIII, creando todos los rasgos negativos de los negros o nativos americanos.» Velásquez dijo que el concepto de raza que fue importado de Europa y sin ninguna evidencia científica que lo sustente, comienza con la apariencia, pero también incluye la historia, el origen, el idioma y la moral para justificar la supremacía y el falso dominio. Cuando se abandonó el concepto de raza, el racismo pasó de generación en generación, de indios que no podían caminar por las aceras como los blancos en la época colonial a insultar a las actrices, como Yalitza Aparicio, por recibir una nominación al Premio de la Academia.

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