Ciudad de México a 3 abril, 2026, 19: 29 hora del centro.
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La rebelión de los Godínez

Hace unos días conversé con un grupo de amigos sobre lo complicado que ha sido el regreso a las oficinas después de la pandemia. El tema generó fuertes reacciones sobre todo de quienes tienen un estilo de liderazgo jerárquico y controlador, pero todos coincidimos en que enfrentamos una formidable resistencia para volver de tiempo completo al trabajo presencial. La provocadora serie Separación —en la que un grupo de empleados se ha sometido a un procedimiento quirúrgico irreversible que divide sus recuerdos entre el ámbito laboral y su vida personal— nos da pie para explorar lo que está detrás de esta rebelión pacífica contra el regreso a las oficinas.

La serie plantea dilemas éticos y filosóficos muy inquietantes de una sociedad que no tiene ningún recuerdo de sí misma. Dentro del ámbito laboral se imponen normas aterradoras y códigos de comportamiento que impiden que los empleados trabajen en función de quienes son o lo que desean. Al no tener recuerdos, cada personaje asimila que nació el día en que empezó a trabajar, por lo que en la oficina se vive un ambiente muy infantil; todos se comportan como niños que no entienden lo que hacen, muestran envidias, celos y hacen berrinches. El lugar de trabajo parece una guardería para adultos incompetentes y disfuncionales. Por otro lado, vemos la incapacidad de estos protagonistas para enfrentar los retos que significa vivir en el mundo real; como sobrevivir a la pérdida de un ser querido, superar una ruptura sentimental, conseguir sustento o procurar nuestra autorrealización, por esto, se ofrece la separación permanente de la memoria.

Con el trabajo a distancia fue inevitable compartir nuestro entorno más íntimo con colegas y colaboradores, lo que hizo que la frágil barrera que separaba el trabajo de la vida personal se derribara por completo. Los horarios laborales se extendieron y las alegrías y sinsabores de la oficina penetraron sin filtro en los ojos y oídos de nuestras familias. También pudimos ejercitar libertades reservadas para quienes tenían el privilegio de trabajar desde casa, lo que nos obligó a confrontar la verdadera naturaleza del trabajo y su relación con nosotros mismos. Separación aborda este drama existencial llevando al extremo la división de la vida de las personas entre el trabajo y sus vidas.

La sociedad que retrata la serie se conforma de personas solas, abandonadas de sí mismas. Observamos que en el mundo fuera del trabajo la gente se encuentra ávida de dar sentido a su vida y quedan a merced de cualquier libro de autoayuda a la mano. Dentro del espacio laboral se vive bajo el culto del creador del negocio en donde las reglas de comportamiento se imponen de manera casi religiosa. Los rituales laborales de relajación, reconocimiento y la práctica de corrección de conductas mediante torturas, impulsan a los personajes a querer salir de esa cárcel en la que están atrapados. Sin embargo, su yo de afuera no quiere que salgan. Esta tensa dinámica se parece mucho al tira y afloja por el regreso al trabajo presencial.

Imaginemos los beneficios de someterse al tratamiento de separación —para silenciar la conciencia— de quienes lucran con la salud de sus pacientes sometiéndoles a intervenciones y tratamientos innecesarios, de los que enganchan con créditos impagables a quienes enfrentan apuros económicos, o quienes engañan a sus audiencias, o los que trafican con ultraprocesados tóxicos diseñados para crear adicción desde la niñez o con agroquímicos cancerígenos que degradan el medio ambiente. Igual que los personajes de la serie, que no tienen idea de las consecuencias de su trabajo, el tratamiento les evitaría remordimientos para pretender llevar “una vida plena” de la misma forma que refugiarse en la oficina “dignifica” a quienes llevan una vida triste, aburrida o violenta en casa.

Pero no todo oficio compromete moralmente nuestros principios, por el contrario, en una sociedad con profundas carencias hay ocupaciones dignas muy gratificantes que mejoran la calidad de vida de nuestro entorno. La resistencia al regreso al modelo presencial no solamente esconde un legítimo deseo de evitar presenciar las rabietas y exabruptos recurrentes en la oficina, sino conservar y ampliar las libertades ganadas con el uso de la tecnología durante la pandemia para integrar de la mejor manera el trabajo a nuestras vidas. Contrario a la tésis de Separación, al abrir las puertas de nuestras casas con las pantallas por el encierro, todos conocemos más de la vida de nuestros compañeros qué cuando nos veíamos todos los días. Lo que la pandemia ha unido, que no lo separe el hombre.

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