jueves, 16 abril 2026
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Malditas drogas

Cuando Donald Trump anunció su candidatura para la presidencia, en junio de 2015, criticando el avance de China en la economía mundial y la presencia de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos, pocos lo tomaron en serio. Era ya el decimosegundo candidato que se presentaba a la carrera por la Casa Blanca y la aspirante demócrata Hillary Clinton se mantenía como una fuerte favorita para obtener el triunfo en las elecciones que se llevarían a cabo al año siguiente.

Humillar a nuestro país en temporadas electorales ha sido una estrategia efectiva para ganar notoriedad en el sur de los Estados Unidos. Ahora ha sido el congresista texano Dan Crenshaw; nacido en Escocia; antiaborto; antiinmigrantes; anticubrebocas y exmiembro de las fuerzas especiales de la marina de los EE. UU., con experiencia de combate en Irán y Afganistán, quien propuso utilizar las fuerzas armadas estadounidenses en territorio mexicano para arreglar el problema de las drogas en su país.

El camino a la locura colectiva estadounidense avanza con cada campaña electoral que trae a la discusión pública ideas cada vez más excéntricas, que se normalizan en una sociedad que no conecta el efecto de sus propias decisiones con las políticas de estado que les impone las condiciones de su triste realidad cotidiana. Aun así, la ridícula propuesta de campaña de Donald Trump de construir un muro fronterizo para “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande” no era tan peligrosa como la ocurrencia de Dan Crenshaw. Sin embargo, ha quedado demostrado que, en las elecciones, el Pueblo estadounidense es capaz de tragarse cualquier cuento con tal de sentirse mejor.

Vemos que esa fórmula les funciona muy bien con un electorado ingenuo, poco paseado, lleno de prejuicios, que se cree todo lo que las series sobre narcos de Netflix, sus Redes Sociales y los medios hegemónicos le dicen, y que sobrellevan su existencia deprimidos y dependientes de más drogas que cualquier otra nación del planeta. Esta imposibilidad del pueblo estadounidense de romper con los discursos de campaña generados por las figuras de poder es lo que impidió ver, en su momento, que la construcción de un muro fronterizo no mejoraría sus condiciones de vida, de la misma manera que les haría caer ahora en la ilusión de que una guerra más contra las drogas en México resolvería los problemas de adicción en su población.

Resultan además muy hipócritas, y hasta cínicas, las declaraciones del congresista, cuando uno de los documentales más aclamados del año aborda el caso de la familia Sackler que, con la autorización de su propia agencia federal de alimentos y medicamentos —la Food and Drugs Administration o “FDA—, promovió el uso generalizado del Oxycontin, el cual ha provocado hasta ahora la muerte de 500,000 personas por adicción a los opiáceos que originó en sus pacientes incrementando a su vez la demanda de fentanilo en todo el país[1].

El republicano propone una narrativa del miedo dirigido al electorado fronterizo con una retórica que mezcla drogas, armas y terrorismo. Resulta escalofriante que ahora tengan a México en la mira cuando ya hemos visto a la psicópata Hillary Clinton reírse a carcajadas —en una entrevista en televisión— de sus acciones inhumanas como Secretaria de Estado, en 2011, en Libia, cuando dijo: “llegamos, vimos y Gadafi murió”[2]. Sabemos que las consecuencias de cualquier acción directa en México serán devastadoras. Estados Unidos con su historial intervencionista, violento, prepotente, con el poderío bélico en manos de personas en constante estado alterado, sin empatía y sin sentir el menor remordimiento serían capaces de pisotear nuestra soberanía con consecuencias irreversibles para toda la región de América del Norte.

Ante la gravedad de las tales amenazas para nuestra vida democrática, la respuesta del Presidente no se hizo esperar y anticipó que actuará de manera proporcional a las ofensas perpetradas por las vías diplomática, mediática y política. Cualquier candidato del partido Republicano que para fines electoreros intente insultar a México o a los mexicanos, deberá sopesar el efecto de una campaña para apelar a nuestros compatriotas y a todos los hispanos que viven y trabajan en los Estados Unidos a no votar por su partido en las próximas elecciones. Tal vez también estas acciones ayuden a frenar, si no es que, a revertir, esta necesidad compulsiva de nuestros vecinos por intervenir en otros países bajo cualquier pretexto, para que puedan atender de manera urgente los problemas de salud mental de sus ciudadanos y revisar, por fin, su estrategia antidrogas que lleva más de 50 años de fracasos continuos[3].


[1] El medicamento que mató a 500.000 personas

[2] Clinton on Qaddafi: We came, we saw, he died, CBS News 20 oct 2011

[3] El fracaso de la guerra contra las drogas, NYT por George P. Shultz y Pedro Aspe

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