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Flores Magón y Madero, dos revolucionarios a través de Elena Garro

La revolución mexicana es uno de los procesos de transformación que componen la historia de México. La dictadura porfirista y sus fantasmas continúan asechando nuestra vida pública por medio de la silenciosa cultura autoritaria del ejercicio de poder y el desdén a la voluntad popular. La “mano dura” trae consigo no solo represión e injusticias, sino también el surgimiento de hombres y mujeres que claman por libertad, democracia y justicia social. Ricardo Flores Magón y el presidente Francisco I. Madero dan testimonio de ello de la mano de Elena Garro.

A través de sus letras, la escritora y periodista Elena Garro reivindica la memoria de Ricardo Flores Magón con una breve biografía política de sus contribuciones ante los crímenes del dictador Porfirio Diaz. Lo califica como un hombre profundamente humanista, crítico del poder y de quienes lo ejercen, con inquietudes intelectuales manifestadas en la organización política de la clase obrera y campesina, los sectores más golpeados por las  estructuras gubernamentales. Su espíritu libertario encontró en la palabra impresa un canal de difusión de las ideas y del encuentro de identidades. Ello valió su persecución en México y en los Estados Unidos, siendo este último el lugar donde fue encarcelado, torturado y asesinado.

“Podemos decir que Ricardo Flores Magón (…) fue él el primer socialista, el que agitó la causa de los obreros en el país. Más tarde su evolución política lo llevó al anarquismo y una intransigencia verdaderamente admirable frente a cualquier forma de poder político. Por eso es justo calificarlo como incorruptible. A lo largo de su vida de persecuciones implacables, nunca encontramos el menor trazo, ni la más mínima señal de flaqueza; su figura es sin duda la más pura de nuestra historia revolucionaria”  EG.

 Sobre el presidente Francisco I.  Madero, dedica gran parte de su obra a narrar cómo fue el proceso de asumir el liderazgo para combatir la dictadura, ejercer la presidencia de México tras convocar a elecciones, sus acciones de gobierno y las dificultades por las que transitó para mantener la gobernabilidad en un país militarizado, con disputas permanentes entre integrantes de la élite nacional y extranjera, así como la complicidad de la prensa, intelectuales, jueces y diplomáticos con los señores de la guerra por la pérdida de privilegios en el nuevo gobierno.

“Francisco I. Madero (…) no es un revolucionario cualquiera. En él encarnan la libertad, la igualdad y la dignidad del hombre, frágiles cualidades todas, frente a la barbarie que produce la esclavitud, y frente la maquinaria brutal del poder totalitario. Madero es el revolucionario que no miente, no exagera, ni promete lo que no piensa cumplir. Su procedencia, su estricta educación dentro de valores morales y religiosos y su espíritu de responsabilidad, lo hicieron no desdecirse nunca de la palabra empeñada o de la promesa dada, aún a costa de su propia vida, es la imagen opuesta a la del arribista y a la del demagogo. Su persona, su lucha y su martirio brillan solitarios y singulares en la historia del mundo. Madero es el revolucionario caballero”.

 El libro concluye con un capítulo dedicado a la decena trágica y reflexiones sobre la impunidad de los asesinos de Madero y Pino Suárez. Se compone principalmente de artículos publicados en 1968. Es una obra para no olvidar y prevenir al porvenir. Se trata de preservar la memoria de dos revolucionarios que fueron ejemplo de dignidad y resistencia en escenarios de traiciones, asesinatos e indiferencia social.  Sus luchas y reivindicaciones continúan siendo vigentes.

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