Verónica Ruiz Nava
La buena noticia, hoy día en México existen más mujeres trabajadoras, ejercen una actividad y reciben un salario por ella. La mala noticia, lo hacen desde un puesto ambulante, sin prestaciones laborales y reciben un salario menor que los hombres por la misma actividad.
Querido pueblo mío. La buena noticia, hoy día en México existen más mujeres trabajadoras, ejercen una actividad y reciben un salario por ella. La mala noticia, lo hacen desde un puesto ambulante, sin prestaciones laborales y reciben un salario menor que los hombres por la misma actividad. Además, la mayoría de las mujeres no son jefas y no existen las condiciones en el país para que lo sean.
Hablar de derechos consiste específicamente en generar una estructura de disfrute de ellos. México, como país, está obligado a generar acciones de paridad y piso parejo para el ejercicio de los derechos entre hombres y mujeres. Lamentablemente, una vez más la economía es un reflejo de la precariedad y la disparidad que vive cada día una a una de las mujeres que habita este país.
Reconocer que existe un México que discrimina a las mujeres a través de los datos duros que aportan los institutos privados y públicos de estadística es un primer paso. Por lo menos, que cada persona pueda acceder a la fotografía anual de la discriminación de la mujer. También lo es, requerir a cada una de las instituciones públicas y privadas que generen estadística de manera sistemática y permanente sobre la remuneración, actividad y puestos laborales que ocupan las mujeres.
En el 2023 existen más mujeres mexicanas trabajadoras o económicamente activas en el país. De acuerdo a la más reciente edición del Índice para la Competitividad Urbana publicado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) la media nacional es que 41% de las mujeres mayores de 14 años trabajan y reciben un salario por las actividades que realizan.
Desgraciadamente, a pesar de que las mujeres, en términos generales, son el 41% de la fuerza laboral en México lo hacen desde la precariedad, la informalidad y el doble trabajo que representa la actividad remunerada y del doméstico como actividad no remunerada. En promedio, por cada 100 pesos que gana un hombre, la mujer gana 85 pesos. Sin embargo, dedican 2.5 veces más horas a las labores de limpieza, preparación de alimentos y cuidado de hijos y adultos mayores. Es decir, la brecha salarial y la doble jornada son una realidad.
En el discurso público existe el debate de que “las mujeres tienen más derechos que los hombres”, una idea completamente falsa. La realidad social y económica del país muestra que la mayoría de las mujeres no están posicionadas en la dirección o diseño de estrategias que definan un cambio sustancial en el rumbo del país. Si bien es cierto que acceden al mercado laboral, lo hacen desde la subordinación jerárquica de lo masculino sobre lo femenino.
Aunque las mujeres representan la mitad de la plantilla laboral en la Administración Pública Federal, las Secretarías de Estado, los puestos titulares y los puestos de dirección media están reservados al sexo masculino. La presencia de mujeres disminuye si se trata de un puesto alto o con mayor ingreso. La fotografía de los puestos directivos en las empresas mexicanas muestra que lo privado también está sobrerrepresentado por hombres.
Las empresas mexicanas y la administración pública federal se han enfocado en la capacitación y hablar de derechos más que de incluir, verdaderamente, a la fuerza laboral femenina en la toma de decisiones. Sólo el 5% de las mujeres son directoras generales de las empresas y sólo el 30% ocupa un puesto de mando superior como subsecretaría, jefatura de unidad o dirección general en la Administración Pública Federal.
Cada uno de nosotros, como mexicanos, debemos dar respuesta en el día a día a que la participación y remuneración de las mujeres debe estar desprovista de discriminación desde nuestro campo de acción. Condenar a una mujer a realizar un trabajo no remunerado o con una remuneración menor a la que percibe un hombre es condenar a México a la orfandad. Los mexicanos debemos pasar del vivir cada día como se puede y al vivir cada día como se debe. Es decir, con dignidad. Abrir la puerta para que las mujeres puedan participar en la toma de decisiones también es una deuda histórica.
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