viernes, 17 abril 2026
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De la justicia y del sueldo médico

De la justicia y del sueldo mé

Desde hace muchos años, como lo dijo el Subsecretario de Salud,  México  se encuentra en los últimos lugares de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico respecto a la cantidad de personal de salud así como número de hospitales y camas disponibles para la población. Esta información la hemos sabido incluso antes de que que la OCDE emitiera los resultados. Nuestras familias, amigos o conocidos, han sufrido desde siempre las consecuencias de este problema que pudimos corroborar en carne propia cuando pisamos por primera vez un hospital como estudiantes, sobre todo si estabas en algún estado fuera de las grandes ciudades. 

Recuerdo una escena perfecta en el cuarto año de carrera, cuando un doctor nos animó a acudir a una guardia en Urgencias de un famoso hospital de traumatología para saber cómo era la experiencia. Me sentí en un campo de guerra porque había demasiados pacientes y veía a los médicos correr de un lado a otro desesperados por la gravedad y el número de enfermos que tenían que atender. De pronto sentaron cerca de mí a un muchacho que se había cortado la mano. La residente, agobiada y cansada, se la tomó, observó la herida y me volteó a ver diciéndome: “esta es para ti, toma el portaagujas, pídele sutura a la enfermera y no vayas a dar puntadas muy profundas”. Acto seguido se fue dejándonos al muchacho y a mí en una situacion muy incómoda:  yo teniendo que fingir que sabía lo que hacía y el teniendo que fingir que confiaba en mi. Afortunadamente para ambos pasó un médico interno de pregrado que al ver esa escena se ofreció a hacerlo. Durante el procedimiento platicamos un poco, yo estaba a un año de elegir sede para hacer el internado y me recomendó ampliamente ese hospital “tú haces todo porque no hay quien lo haga, yo he atendido muchísimos partos, me metí de primer ayudante a todas las cirugías en mi rotación pasada y aprendes porque aprendes, a veces a la mala porque no hay quién te enseñe”. 

Posterior a esa conversación elegí un hospital donde supuestamente había un equilibrio entre la enseñanza y el trabajo asignado para que la formación fuera más allá de experimentar sobre un humano. Sin embargo el golpe de realidad sucedió en cuanto ingresé de manera formal a un hospital dado que  hubo muchos casos cuyos manejos fueron erróneos y costó en algunos la vida de la/el paciente. El primero que viví de cerca en la rotación de Pediatría fue en el área de urgencias: presencié a una jóven madre arrodillada en el piso gritando “malditos, me lo mataron” ante la mirada atónita de todos los que estábamos cerca. Era un bebé de días de nacido cuya madre tuvo varicela en las últimas semanas del embarazo y lo egresaron sin tratamiento (primer error), días después se presentó a Urgencias por un cuadro de infección de vías respiratorias y a pesar del antecedente ya referido le dieron manejo ambulatorio con antiinflamatorio (segundo error) y un día después la madre trajo a su bebé ya en condiciones muy graves sin que pudieran salvarle la vida. Posterior a esto vinieron otra serie de situaciones como indicar óvulos vaginales y en la receta escribir por error que eran vía oral, o que el interno viera una fractura expuesta (una urgencia) y tardar más de 2 horas en llamar al Ortopedista porque no sabía la gravedad de esto. Y cómo olvidar lo que pasaba en el área de Obstericia, los famosos “camazos” o los nacimientos fortuitos por una mala valoración de parte del tratante. 

Quisiera que los médicos, sobre todo los que ya acabamos y podemos hacer un análisis en retrospectiva, nos pusiéramos a pensar que en estos años de formación, con errores y aciertos, nosotros fuimos los que más ventaja sacamos a través de la enseñanza y experiencia adquirida a costa de la salud de las/los pacientes. Varias veces cuestioné las quejas de colegas que decían que ganábamos una miseria por todo el trabajo que hacíamos. ¿Una miseria?. De acuerdo con la Endireh, el monto promedio que necesitan las familias para el mantenimiento del hogar es de 13,529 pesos y nuestra paga superaba eso. ¿De cuánto sería una  paga justa? Si por justicia hablamos no se nos debería permitir tocar pacientes y la realidad es que lo hacemos. Para nosotros son sólo años de formación que vienen remuneradas posteriormente tanto monetaria como profesionalmente, mientras que para ellas/ellos, esta curva de aprendizaje, les puede llegar a costar la vida.

Este sistema tiene que cambiar. Aún no sé cómo con exactitud porque no soy experta en el tema de Salud Pública, pero lo que sí está en nosotros como médicos, es ser más agradecidos, remontarnos a nuestros años de formación y recordar los  errores cometidos que forman parte de nosotros y que nos moldearon para estar donde estamos. Desde aquí mi eterno agradecimiento a todas las personas que me dieron su confianza mucho antes que pudiera obetner mi primera cédula profesional.

 

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