Hace 117 años, un 7 de enero de 1907, miles de obreros se manifestaban frente a la fábrica de hilados del poblado de Río Blanco en Veracruz. Durante las manifestaciones de repudio a las condiciones laborales, una gresca entre obreros molestos y empleados de la tienda de raya frente a la fábrica derivó en saqueos, incendios y la acción de la policía montada con ayuda de refuerzos federales a cargo del general Rosalindo Martínez, secretario de Guerra de Porfirio Díaz. La policía y el ejército accionaron sus armas de fuego contra los obreros, entre ellos mujeres y niños. Hubo ejecuciones y fusilamientos. El saldo fue una inexacta cantidad de muertos entre manifestantes y sus familias, pero que muchos aseguran fueron cientos.
Este hecho es considerado, junto con la huelga de Cananea y la revolución de Valladolid, precursor de la Revolución Mexicana. Sin embargo, muchas de las condiciones que propiciaron los sucesos de Río Blanco persisten en nuestra sociedad mexicana.
El crecimiento e industrialización del país contrastaba con las condiciones de trabajo de los obreros. Muchos de ellos, inspirados por los ideales de los hermanos Flores Magón, exigían condiciones de trabajo que se asemejaran a los logros obtenidos en el extranjero.
El 7 de diciembre, un trabajador de nombre Abraham Trujillo proclamó por las calles de Rio Blanco la necesidad de una tercera revolución social para mejorar los derechos de los obreros textiles. Bajo un lema de “Dinero y trabajo” comenzaron las protestas, pero aún no se llamaba a huelga.
El Gobierno y los empresarios textiles de la zona fueron enterados de que obreros de Río Blanco, a través la organización sindical “Círculo de Obreros Libres”, auxiliaban a sus compañeros hilado financieramente. Estos hechos llevaron a los dueños de la fábrica de Hilados a realizar un paro de labores patronal, conocido con el anglicismo de lock-out entre el 22 y 24 de diciembre en toda la zona de Orizaba, para presionar por medio de la necesidad a los obreros y cortar el apoyo financiero a los huelguistas.
Por ello es incorrecto llamar «huelga» a los hechos de Río Blanco, ya que el paro se trató de una decisión unilateral de los patrones de la fábrica de hilados y tejidos. Infortunadamente, aún en la actualidad y en muchos libros oficiales de historia se sigue considerando que los hechos de Río Blanco se desarrollaron en el contexto de una «huelga».
Los líderes del Círculo de Obreros Libres de la región solicitaron el arbitraje del presidente Porfirio Díaz, puesto que se encontraban casi 93 fábricas paralizadas en el país y los trabajadores comenzaban a sufrir de hambre por la falta del cobro de sus sueldos y el retiro del apoyo de la zona de Orizaba.
Díaz expidió el 4 de enero un laudo que ordenaba a los trabajadores a regresar a sus labores puntualmente el día 7 de enero de 1907. El laudo era claro al condicionar la libertad de expresión e información, ya que prohibía, entre otras cosas, leer periódicos subversivos que «solo les distraía la mente»., y negarles también del derecho a huelga.
Por esas fechas, el general Rosalindo Martínez, secretario de Guerra del gobierno de Díaz avanzó a la región de Orizaba con dos mil elementos de las Fuerzas Federales con la orden expresa de intervenir en el conflicto en caso de presentarse problemas. Aparentemente, la instrucción de Diaz hacia el General Martínez era buscar la confrontación. Para ello se cambió al jefe político de Orizaba Carlos Herrera por el coronel Francisco Ruiz, exjefe de la gendarmería de la Ciudad de México.
Frente a la fábrica de hilados se encontraba la tienda de Raya, propiedad del francés Victor Garcín. Según el relato de Ortiz Petricioli (1977) y Armando List (1935) un empleado de Garcín acudía entre la turba a entregar pan a la fábrica, un acto que los obreros tomaron como desafiante, debido al hambre reinante. De pronto alguien le tiró la bandeja y el empleado decidió regresar. Lo intentó de nuevo y obtuvo el mismo resultado.
Garcín consideró que él y su negocio estaba en riesgo y decidió cerrarlo apresuradamente. Ante tal acción los obreros comenzaron a gritar que no eran ladrones. Sin embargo, una ventana no fue cubierta y alguien la destrozó de una pedrada comenzando el saqueo de la tienda.
Las fuerzas federales llegaron de Orizaba y entre Nogales y Santa Rosa comenzaron a disparar. Los obreros trataron de refugiarse en el Palacio Municipal, donde había ya otros obreros y sus familias, también ahí comenzaron los disparos.
Se coincide en que fueron alrededor de 800 víctimas inmediatas de los asesinatos y la agresión de las fuerzas federales en contra de los obreros y manifestantes. Los cadáveres se apilaron en plataformas de tren, que partieron rumbo al Puerto de Veracruz y donde finalmente fueron tirados al mar.
Durante los días siguientes continuaron los fusilamientos, entre ellos los de los dirigentes del Círculo de Obreros Libres de Santa Rosa: Rafael Moreno y Manuel Juárez que se realizaron frente a las humeantes ruinas de la tienda de raya, para escarmiento de los obreros. Los federales revisaron muchas casas de obreros, y en todos aquellos donde se encontraban alimentos de la tienda de raya se fusilaba al instante. Se reportó un total de 5,512 trabajadores que reanudaron labores de 7,083 antes de los disturbios. La cifra faltante se calcula entre quienes murieron, huyeron o quedaron heridos.
Como bien decía George Santayana, “Quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. Esto cobra especial relevancia cuando observamos un resurgimiento de lo que podríamos llamar «neoporfirismo» entre la sociedad conservadora. Ensalzan la figura de Porfirio Díaz, pasando por alto las condiciones políticas, sociales y laborales reprobables, además la opresión a la que estaban sometidos los trabajadores durante su régimen. Este desconocimiento histórico encuentra un paralelo contemporáneo en la aceptación acrítica del capitalismo neoliberal, cuyas políticas a menudo replican, en una forma modernizada, las mismas injusticias y desigualdades.
Frente a este panorama, el gobierno de la Cuarta Transformación que encabeza el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido congruente en el respeto a los derechos laborales en nuestro país, en lo que respecta a los Salarios Mínimos. Sin embargo, aún falta mucho más, por lo que enviará una reforma profunda en materia laboral al congreso sobre salarios y pensiones, que será necesaria la mayoría absoluta, es decir dos terceras partes del Congreso y que pondrá, nuevamente, a la oposición en la disyuntiva de estar con el Pueblo o con el poder económico del país… ya sabemos la respuesta.
Ortiz Petricioli, J. (1977). La tragedia del 7 de enero (2nd ed.). Centro de Estudios Históricos del Movimiento Obrero Mexicano. México.
List, A. List, G. (1935) La huelga de Río Blanco, Secretaría de Educación Pública. México.




