La idea de un México dividido no es nueva. Ya lo intentaron en el siglo XIX con la invasión estadounidense y, más recientemente, con las estrategias neoliberales que entregaron nuestros recursos y debilitaron el Estado benefactor mexicano. Ahora, Trump designa a los cárteles mexicanos como grupos terroristas, lo que en términos prácticos equivale a abrir la puerta para una intervención militar en nuestro territorio.
Claro, el discurso suena bonito para quienes compran la narrativa de «seguridad nacional», pero la realidad es que esto permitiría a EE.UU. controlar zonas estratégicas y generar una dinámica en la que el gobierno federal quede rebasado. No necesitan invadirnos con marines y black hawks; basta con fomentar más el caos, debilitar la gobernabilidad y dejar que la fragmentación ocurra sola. Como con el ingreso de armas que utilizan los cárteles y el famosísimo “Plan Mérida” con Calderón, que son los causantes de la violencia dentro del país.
El cachorro favorito de Trump, Elon Musk, también tiene interés en la división de México, y más aún en la extracción del litio, que el presidente López Obrador se encargó de nacionalizar. Lo peor es que vemos a políticos “mexicanos” (de nacionalidad solamente) diciendo que ellos son como los gringos, que se parecen más a los de Dallas que a los de todo México, y le abren la puerta a estos mismos con tal de, al fin, tener la validación de un extranjero, como siempre lo han deseado.
El problema más grave no son los extranjeros que quieren balcanizar México; esos siempre ha habido y siempre los habrá. Tenemos un país privilegiado geográfica y culturalmente. Tenemos energía, tierras fértiles, mares y a los mejores trabajadores del mundo. El problema son los políticos y ciudadanos mexicanos que promueven esta idea de dividir a México en distintas regiones, porque «no somos iguales», porque «la cultura del sur del país nada tiene que ver con los que viven en la frontera y están acostumbrados al trabajo», según ellos.
El modelo ya lo hemos visto en otros países: estados convertidos en zonas francas, con reglas propias, condiciones laborales flexibles (que es explotación a manos llenas para los patrones) y una autonomía cada vez mayor con respecto al resto del país. La balcanización no solo se da con conflictos armados; también ocurre cuando las decisiones económicas comienzan a dividir a un país en bloques sin conexión lógica entre sí. Y si Nuevo León se convierte en el nuevo Hong Kong empresarial, ¿cuánto tardarán otras regiones en seguir el mismo camino?
No tenemos que preocuparnos tanto por lo que hagan Trump y Musk. El problema más grave es que México ya ha sido debilitado por dentro. La centralización del poder económico en unas pocas manos, la desigualdad y la falta de un proyecto nacional sólido durante décadas dejaron un país frágil y atormentado por la violencia, el narcotráfico, la inseguridad y el odio a las mujeres.
Bajo este contexto, hay políticos y opinólogos apátridas que sugieren la división de México. Un «Nort-Exit», copiándole al Brexit. Ya sabemos que no tienen ideas originales, todo lo que dicen y hacen lo copian de otro país en el que aspiran a que les aplaudan. Pero piensan que México va a ser mejor si se divide. Comúnmente, son opositores del PRIAN que, en lugar de enfocarse en proponer reformas útiles para los mexicanos, proponen estupideces como dividir nuestra gran nación.
Afortunadamente, la existencia del Plan México, los programas de bienestar y la estrategia de seguridad han dado resultados para mitigar esta invasión suave que hemos sufrido desde la época neoliberal. Obviamente, los resultados nunca son suficientes; tenemos casos gravísimos de desapariciones, violencia y feminicidios que lastiman a miles de familias mexicanas, y debe de haber mayor voluntad política para reducir cada día más y más esto, y brindar oportunidades a las y los mexicanos para que defiendan día a día el país.
Todas y todos tenemos que enfocarnos en lo más importante: en las buenas y en las malas, defender a México y trabajar por siempre tener un país mejor. Ser unidos no solo en Twitter y el 15 de septiembre, sino siempre ser buenos compañeros, buenos amigos, buenos estudiantes y buenos trabajadores. Si desde lo más mínimo somos unidos, a este país nada ni nadie lo va a dividir.




