«Sólo le pido a Dios
que el dolor no me sea indiferente…”
León Gieco
El cobarde atentado contra Ximena y José no se nos olvidará fácilmente. Porque hay heridas que no se cierran con silencio ni se borran con el paso del tiempo. Porque este país, si quiere conservar su alma, debe seguir sintiendo, debe seguir indignándose.
Porque no se puede vivir en una tierra donde servir sea sentencia de muerte.
“Sólo le pido a Dios
que lo injusto no me sea indiferente…”
México está de luto, pero no de rodillas. Y cuando el horror golpea a sus hijos, no calla. El dolor no se entierra, se transforma en exigencia, en verdad, en justicia.
A kilómetros de distancia, otro crimen se perpetúa: la guerra en Gaza, con sus escombros, sus niños heridos, su humanidad sepultada. Y ahí también está México, diciendo con claridad: la guerra no nos puede ser indiferente.
“Es un monstruo grande y pisa fuerte
toda la pobre inocencia de la gente…”
El Gobierno de México lo ha dicho con firmeza. La guerra no se normaliza. La muerte no se vuelve rutina. El sufrimiento ajeno nos interpela como país, como pueblo, como humanidad.
Sin embargo, en medio de la violencia, hay razones para defender la esperanza.
Ahí está una de ellas: México rompe récord histórico con 21,400 millones de dólares en inversión extranjera directa en el primer trimestre del año. Un logro monumental que no cayó del cielo, sino que se construyó con trabajo diplomático, con visión, con apertura.
Y si hay alguien que se ha empeñado en colocar a México en el mapa del mundo con dignidad y resultados, es Marcelo Ebrard.
“Sólo le pido a Dios
que el futuro no me sea indiferente…”
Nos quieren arrebatar el presente a balazos, y el futuro a mentiras. Pero no lo van a lograr. Este país ha aprendido a resistir. Y aunque hay días en que todo duele, también hay días en que todo florece.
Porque seguimos vivos.
Porque seguimos de pie.
Y porque no nos es indiferente.




