¿Recuerdan algo parecido en nuestro país en años pasados? Yo no, solo existe el recuerdo un país que durante décadas fue gobernado por la desmemoria neoliberal, donde la historia indígena fue relegada a lo pintoresco y lo folclórico, donde pasaba frente nuestro el extractivismo cultural. Hoy no es así, hoy podemos ver a la Diosa Coatlicue posada en la principal plaza pública de México, no es un espectáculo más: es un acto de resistencia.
Bajo gobiernos pasados, la narrativa oficial construyó un México homogéneo, mestizo y sin conflicto, negando las raíces indígenas, la espiritualidad ancestral y, sobre todo, el poder femenino contenido en ellas. El neoliberalismo prefirió centros comerciales que centros ceremoniales, museos silenciosos que calles vivas, y cifras económicas en lugar de símbolos culturales.
Vivimos tiempos estelares, donde los destinos de una nación se conducen por la primera mujer presidenta de México y el pueblo que la acompaña, donde la antigua Tenochtitlán, hoy Ciudad de México es Gobernada por la segunda mujer en ocupar la Jefatura de Gobierno, ambas mujeres desde una visión amorosa y de reconocimiento a las raíces de las y los mexicanos, han comenzado a desenterrar ese pasado profundo. El videomapping que hemos tenido el honor de presenciar en lo que un día fue el “Huey Teocalli”, revive a nuestras diosas y símbolos ancestrales como Coyolxauhqui, Coatlicue o Tonantzin. Coatlicue, cuyo nombre significa “la de la falda de serpientes”, es la madre de Huitzilopochtli, el dios mexica de la guerra, y figura central en la mitología mexica.
Coatlicue no es decoración. Es fuerza telúrica, madre de todos los dioses, señora de la vida y la muerte. Verla en una plaza pública, abrazada por luz y sonido, no es solo estética: es la historia despertando. Es un mensaje que dice: las mujeres originarias, las diosas olvidadas, las madres fundadoras de nuestro pueblo, están de vuelta, y lo hacen gracias a un gobierno que se atreve a mirar al pasado sin vergüenza y al futuro sin miedo.
Las diosas vuelven a su espacio y con ello se teje una narrativa alternativa, una donde el arte no sirve al capital, sino a la conciencia.
El videomapping no es sólo arte digital: es una acción política. Es el Estado reconociendo que durante mucho tiempo se ocultó a las mujeres y madres del mundo indígena, reduciéndolas a “curiosidades arqueológicas”. Hoy, se les nombra, se les ilumina y se les devuelve su lugar en la historia.
Sin duda, quienes tenemos el privilegio de habitar o visitar la Ciudad de México, no podemos perdernos esta proyección, un espectáculo lleno de colores, de emociones, una mirada a nuestras raíces.
Recordemos a nuestro querido Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien dijo: “De no cuestionar los orígenes de la llamada Conquista estamos condenados a seguir preservando una cultura de la discriminación y la renuncia a nuestra la historia, la de los pueblos originarios”. Revindiquemos la historia de los pueblos originarios y el reconocimiento de su resistencia, es una tarea de todas las mexicanas y mexicanos.




