El PRI volvió a las andadas: acarreados en camiones, pancartas que añoran el “neoliberalismo de resultados” y consignas vacías. Así se vivió la marcha organizada este jueves en Paseo de la Reforma para respaldar al delincuente, Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, después de que agrediera al Senador de Morena y Presidente de la Mesa Directiva, Gerardo Fernández Noroña, en la Comisión Permanente.
Desde temprano, grupos priistas fueron trasladados hasta la Glorieta de la Diana Cazadora para recorrer Reforma rumbo al Senado. El resultado fue lo de siempre: bloqueo vial, porros disfrazados de militantes y un PRI que sólo sabe movilizarse con acarreados.
¿Saben por qué las agresiones de Alito?
Tan solo vean su nivel de convocatoria, ES POBRE…
El zángano está desesperado, sabe que ya no tiene cabida ni el ni su partido en la vida pública de México.
Por esa mísera “marcha” afectó a cientos de capitalinos. pic.twitter.com/cmJEG3rsYx
— Carlos Vijnovsky Zenteno (@CarlosVZenteno) August 28, 2025
El papel de Alito: violencia
Alito Moreno se unió al mitin al final de la marcha, desatando vítores de los acarreados. Pero lejos de reconocer la violencia en el Senado, se justificó con discursos de bravucón:
“Yo siempre voy a responder de frente, con carácter y sin miedo…”
“Yo no me doblo, no me rajo y no me dejo…”
Un discurso que mezcla violencia y cinismo, típico de un dirigente que ha hecho del PRI un refugio de corrupción y autoritarismo.
El mismo PRI de siempre
La marcha no fue un acto ciudadano, sino una demostración del viejo priismo de porros y acarreados. El partido que dejó en ruinas a México hoy marcha para defender a un líder cuestionado por corrupción y enriquecimiento ilícito.
El PRI no cambia: sigue defendiendo intereses de grupo, bloqueando calles y utilizando a la gente como carne de acarreo para proteger a un dirigente que representa lo peor de la política mexicana.


