México está construyendo nuevos caminos para compartir la prosperidad. Con el Tren del Norte, los proyectos de conectividad rural, los polos de desarrollo económico, y los planes energéticos alineados, se está abriendo un nuevo capítulo de equidad territorial. Cuando energía, movilidad y desarrollo social operan de la mano, el país gana en justicia, eficiencia y oportunidad.
PRODESEN 2024-2038 indica que la demanda eléctrica crecerá en escenarios base entre 2.4 % y 2.9 % anual, dependiendo de la región y el uso de la infraestructura. Además, entre 2022 y 2023 la demanda real creció cerca de 3.5 % mientras que la capacidad instalada apenas aumentó alrededor de 0.6 %. Este contraste revela que los nuevos proyectos de movilidad, estaciones ferroviarias, polos industriales o comunidades conectadas requerirán energía prevista, confiable y suficiente.
El gobierno ha anunciado que entre 2025-2030 la Red Nacional de Transmisión se fortalecerá con 275 nuevas líneas y se construirán 524 obras en subestaciones eléctricas para atender los polos de desarrollo y las nuevas industrias. Estas inversiones no sólo harán posible que haya luz donde se construyan trenes o estaciones, sino que redundarán en mejor servicio para comunidades rurales y zonas que hoy enfrentan déficit eléctrico o cortes recurrentes. Esa certeza energética es una ventaja enorme.
En regiones que históricamente han estado al margen, con elevados costos de transporte, acceso limitado a servicios básicos y grandes distancias para llegar a centros comerciales, educativos o sanitarios, una red ferroviaria bien planificada y estaciones estratégicas combinadas con suministro energético seguro cambian las reglas del juego. Productores podrán sacar sus productos con menos costo; personas podrán moverse sin tener que depender de vuelos costosos o de largos viajes por carretera; las pequeñas ciudades y comunidades estarán mejor conectadas entre sí y con los grandes centros.
Integrar los requerimientos de energía desde la fase de planeación del Tren del Norte, para todos los proyectos de conectividad, y los polos de desarrollo garantiza que donde se invierta en transporte también exista la capacidad eléctrica adecuada. Esto significa planear subestaciones, líneas de transmisión, fuentes de generación cercanas o confiables, tal vez uso de fuentes limpias si es posible, respaldo para los picos de demanda y garantías de continuidad. Esa coordinación hace que cada peso invertido rinda más, que no haya retrasos por falta de energía, y que los beneficios lleguen más igualitarios.
Cuando la política pública sitúa la justicia social como eje, quedarse con solo vías y estaciones no basta: es necesario asegurar que la energía no sea obstáculo, que los polos no queden solo en papel, que las comunidades participen y se beneficien. México tiene hoy la ventaja de contar con documentos como PRODESEN, con inversiones anunciadas en transmisión y subestaciones, y con la voluntad de articular los proyectos de movilidad y logística con los energéticos. Esa ventaja debe aprovecharse para que el tren no sólo conecte ciudades, sino que genere desarrollo, oportunidades, bienestar para todos.




