jueves, 16 abril 2026
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De las insurgentas, al primer grito de una Presidenta

Este 15 de septiembre no será uno más en la historia de México. Por primera vez, el Grito de Independencia —ese acto simbólico que año con año nos convoca a recordar nuestro origen como nación— será dado por una mujer después de 215 desde el grito de Dolores. No se trata de un gesto menor: es un hecho profundamente político que refleja las luchas de siglos para que las mujeres fuéramos reconocidas como sujetas plenas de la vida pública, hasta que llegara la primera.

Hace unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum lo subrayó en un video que se volvió emblemático: las mujeres estuvieron presentes desde el inicio de la lucha por la independencia. Fueron insurgentas, conspiradoras, espías, combatientes y cuidadoras que, desde distintas trincheras, hicieron posible la gesta emancipadora, y que si ellas —nuestras abuelas— la independencia nunca hubiera sido posible, y —sin embargo— la historia oficial de la República las redujo a notas al pie, cuando en realidad su participación fue esencial e igual de importante.

Nombrar a las mujeres en la Independencia es más que un acto de justicia histórica. Es reconocer que el cuidado, la organización secreta, la estrategia y la resistencia no solo se escribieron con nombres masculinos. La Independencia también tuvo rostro de mujer.

Que hoy sea una mujer quien encabece por primera vez el Grito abre la posibilidad de conectar el pasado con el presente: de las mujeres que tejieron redes en las cocinas, en los templos y en los campos de batalla, a las mujeres que hoy levantamos la voz por igualdad, justicia y soberanía, pero también por aquellas que quedaron en el camino soñando por un mundo más igualitario.

En este septiembre, la memoria de las heroínas invisibilizadas se hace presente en la voz de una presidenta. Con ello, el Grito de Independencia adquiere un nuevo significado: el de una patria más incluyente, más justa y consciente de que la libertad también se escribe en femenino. A un año de tener por primera vez a una mujer al frente de los destinos de la Nación, su aprobación cercana al 80% refleja un respaldo contundente. El trabajo realizado en favor de las mexicanas ha sido como nunca, y la representación simbólica comienza a materializarse en una igualdad sustantiva que transforma la vida pública. Hoy, el grito no solo recuerda nuestro pasado insurgente, también anuncia un futuro en el que las mujeres somos protagonistas de la historia que seguimos escribiendo juntas.

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