Existen tres conmemoraciones internacionales relacionadas con la paz: el Día Internacional de la Paz (celebrada el 21 de septiembre por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para promover el entendimiento entre naciones y pueblos); el Día Internacional de la No Violencia (conmemorado el 2 de octubre por el nacimiento de Mahatma Gandhi y para difundir el mensaje de la no violencia), y el Día Mundial de la No Violencia y la Paz (que se celebra el 30 de enero para promover la tolerancia, la solidaridad y los derechos humanos).
Hoy en día, difícilmente alguien podría pronunciarse en contra de ella. Es, pues, un concepto que ha alcanzado la categoría de valor universal. Sin embargo, contrario a lo que muchas veces se piensa, la paz no implica únicamente la ausencia de conflictos o la reducción de la violencia.
La Ley de Cultura de Paz aprobada en el Congreso de Jalisco en 2021, contempla, en su artículo 2º., las siguientes tres fracciones que son importantes destacar como objetivos:
- Satisfacer las necesidades básicas de todos los seres humanos con la finalidad de erradicar la violencia estructural originada en las desigualdades económicas y sociales existentes en el Estado;
- Eliminar la violencia cultural, que engloba la violencia de género, intrafamiliar, en los ámbitos educacional, laboral y vecinal; y en todos los ámbitos de las relaciones sociales; y
III. Garantizar el efectivo respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales de todas las personas sin discriminación alguna.
Morena tiene como uno de sus principios fundamentales la convicción de que la paz y la prosperidad son fruto de la justicia. Estamos convencidas y convencidos de que no habrá paz mientras no exista un país y un estado para todas y todos, y no sea solamente para unas cuantas personas. La paz se construye cuando la niñez puede dormir sin miedo, cuando las mujeres caminan libremente sin ser violentadas, cuando un trabajador recibe el salario justo por su esfuerzo y cuando los pueblos indígenas son escuchados y respetados. A pesar de que hemos aprobado leyes y reglamentos contra la discriminación, seguimos siendo racistas, clasistas y misóginos.
Para Johan Galtung (1990), existe el triángulo de la violencia, conformado por las violencias directa, estructural y cultural. Para él, la violencia estructural es una forma de violencia invisible y perjudicial, donde las estructuras sociales impiden que las personas satisfagan sus necesidades básicas, lo que conduce a resultados injustos. Es una violencia no intencionada, pero perpetuada por el propio sistema, que puede manifestarse en represión y explotación, afectando la supervivencia, el bienestar y la libertad de las personas. Considera, que esta violencia es la más peligrosa porque constituye la raíz de la violencia directa (visible) y de la violencia cultural (que la legitima).
La violencia estructural impide el desarrollo de amplios sectores sociales. La violencia cultural o simbólica, por su parte, alude a una cultura que legitima los otros dos tipos de violencia y se manifiesta en prejuicios que perpetúan desigualdades. Para este autor, la paz positiva, requiere la colaboración y apoyo mutuo entre personas o Estados.
No puede haber paz si persiste la violencia en cualquiera de sus formas. Quienes formamos parte del Movimiento de Regeneración Nacional, compartimos esa convicción: sin justicia, igualdad y desarrollo para todas y todos, no puede alcanzarse la paz. Esta no se construye con más armamento y policías o con deslumbrantes cybertrucks, sino generando condiciones materiales para que exista justicia social con igualdad y desarrollo, sin excluir a nadie.
Jalisco es el estado que ocupa el primer lugar en personas desaparecidas, con 15,529 contabilizadas hasta el 18 de marzo de 2025. De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en junio de 2025 Jalisco se ubicó en la posición 4 a nivel nacional en victimización de mujeres, con 514 casos. De tal manera que, en materia de seguridad, se está fallando a las jaliscienses.
El dolor de las desapariciones nos obliga a reconocer que las madres siguen llorando a sus hijos e hijas; que los pueblos originarios continúan siendo ignorados y despreciados; y que nos falta mucho para que la violencia contra las mujeres y las niñas sea erradicada. En estos momentos, en los que el estado atraviesa una situación delicada, es urgente conminarnos a cumplir con los principios de paz.
Promover el bienestar y la justicia social para todas las personas debe ser el fin último de una cultura de paz. Por supuesto, tenemos que contribuir a generar condiciones para erradicar la violencia estructural y cultural, que siguen lastimando a nuestra sociedad.
Grandes hombres y mujeres marcaron el camino. Gandhi nos enseñó que la resistencia pacífica puede mover montañas. Martin Luther King nos recordó que el amor puede vencer al odio. Mandela nos mostró que hasta las cárceles más largas se abren con la llave del perdón. Y, en América, Rigoberta Menchú levantó la voz de los pueblos indígenas, Óscar Arnulfo Romero gritó desde el altar que sin justicia no hay paz y tantos otros, que desde el anonimato, han dado su vida para que hoy tengamos esperanza en la humanidad.
El Presidente Andrés Manuel siempre afirmó que la paz es fruto de la justicia, y así lo ha reafirmado la Presidenta Claudia Sheinbaum, porque no hay paz si las desigualdades prevalecen. Los programas sociales, el aumento del salario y el combate a la pobreza son signos mportantes para que la violencia estructural se transforme en justicia social.
Podemos hacer realidad que la paz no sea un sueño ni una utopía, sino un camino posible y una realidad tangible. Depende de cada unx de nosotrxs transformar estas lecciones en hechos, construyendo día a día una sociedad más justa, inclusiva y pacífica.
Bibliografía
Galtung, Johan. «La violencia: cultural, estructural y directa» en: Cuadernos de estrategia, ISSN 1697-6924, Nº. 183, 2016, pp.. 147-168. Versión original publicada en 1990 en el Journal of Peace Research, Vol. 27, nº3, pp. 291-305




