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5 de septiembre, Día Internacional de la Mujer Indígena

En el ámbito nacional e internacional, las mujeres indígenas han sido parte fundamental en las luchas de sus pueblos originarios; conocidas como garantes de la cultura, juegan un papel fundamental en sus familias y comunidades. Lamentablemente, enfrentan múltiples obstáculos a lo largo de su vida, –reducidas oportunidades para acceder al mercado laboral, dificultad para tener acceso a los servicios de salud y educación, tasas elevadas de analfabetismo, poca participación en el proceso político, falta de acceso a alimentación y agua, violencia doméstica, entre muchos otros-, y la supresión política, social y económica en la que continuamente se encuentran, contribuye a una situación constante de discriminación, que las vuelve particularmente susceptibles a diversos actos de violencia.

En el ámbito internacional de la protección de los derechos humanos existen diversos instrumentos para su defensa, como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Al ratificar el Convenio 169, el Gobierno de México se comprometió a promover la plena efectividad de los derechos sociales, económicos y culturales de los pueblos indígenas bajo un completo respeto a su cultura, tradiciones e instituciones. La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas fue aprobada el 13 de septiembre de 2007, por la Asamblea General de dicho organismo, y casi una década después, el 17 de junio de 2016, se suscribió la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. México firmó ambos instrumentos y constituye, la atención a las mujeres indígenas y sus necesidades, prioridad en las políticas públicas de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum.

Se calcula que en Latinoamérica existen alrededor de 522 pueblos indígenas y que en total la población suma 42 millones. De esa cantidad, el 59% son mujeres, es decir, más de la mitad. Sin embargo, ha quedado demostrado mediante diversos estudios, que son el sector más oprimido, puessufre una triple discriminación: la primera se debe únicamente a su género, pues la mayoría de los pueblos indígenas son machistas, por lo cual les privan a las niñas su educación e incluso, muchas de las prácticas de apareamiento en algunas de estas culturas contemplan la violación. La segunda discriminación se debe a su condición de indígenas, debido a que en muchos países ven al indígena como ciudadano/a de segunda clase. Dicha situación empeora con el tercer nivel de discriminación, que es la pobreza, pues muchas mujeres indígenas no pueden ser dueñas de la tierra donde viven y trabajan, pues esta pertenece al hombre de la casa, al que deben pedir permiso para trabajarla e incluso tomar lo cosechado.

La elección de la fecha (el 5 de septiembre), se debe a una heroína suramericana, la india Bartolina Sisa, que nació en Cuzco, Perú, el 24 de agosto de 1753.  Fue una mujer valerosa y trabajadora, dedicada principalmente a sus labores en el telar. Bartolina fue violada, golpeada, torturada y por último ahorcada el 5 de septiembre de 1782, pasando a la historia como una de las mujeres indígenas más valientes, inquebrantables e insobornables del sur del continente americano. El Gobierno de México decretó el 2025 como el Año de la Mujer Indígena, con la idea central de “[…] resaltar el papel que tiene la mujer en la humanidad, toda, pero en particular en la lucha por la emancipación y por los derechos de los pueblos indígenas” (Presidencia de la República, 2024). Una de las razones principales de este enfoque, es la necesidad de justicia y visibilidad para una parte fundamental de nuestra sociedad.

Las mujeres hablantes de las diversas lenguas nacionales que han destacado en distintos y diversos ámbitos como la academia, las artes, la lucha por los derechos humanos, o la política son muchas, pero falta mucho por transitar para lograr romper las barreras estructurales a las que se enfrentan las mujeres pertenecientes a las comunidades originarias. Resulta, por tanto, primordial que las políticas públicas y acciones gubernamentales en beneficio de las mujeres indígenas sean pensadas, diseñadas e implementadas por ellas mismas, respondiendo a sus necesidades y realidades; a, el esfuerzo por visibilizar su lucha e historia podrá materializarse en un cambio real y duradero, a una realidad que constituye un derecho fundamental para nuestras indígenas en la actualidad y un verdadero homenaje para nuestras ancestras de los pueblos originarios, que contribuirá siempre a fortalecer las comunidades, pero también, a enriquecer la identidad y unidad de nuestra gran nación.

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