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Arte: motor cultural en tiempos de Transformación

Cada 15 de abril se conmemora el Día Internacional del Arte, fecha instaurada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en honor al natalicio de Leonardo da Vinci, símbolo universal de creatividad, innovación y diálogo entre disciplinas, en busca reconocer el papel fundamental del arte como lenguaje común de la humanidad, herramienta de libertad de expresión y vehículo para el desarrollo integral de las sociedades.

En México —donde la historia se pinta en murales, se canta en lenguas originarias y se esculpe en la memoria colectiva— hablar del arte es hablar del alma misma de la nación. El arte mexicano no es marginal. Es, de hecho, un sector productivo de alto impacto. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, (INEGI), el sector cultural aportó en 2024 alrededor de 865 mil millones de pesos, equivalente al 2.8% del Producto Interno Bruto, además de generar más de 1.4 millones de empleos; es decir, cerca del 3.5% del total nacional. Estas cifras desmontan cualquier idea de que el arte es un accesorio: es una industria estratégica con efectos multiplicadores en turismo, educación y cohesión social. El arte mexicano es también identidad. Desde el legado de figuras como Diego Rivera, Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros, hasta las expresiones contemporáneas que dialogan con el mundo global, México ha construido una narrativa cultural robusta. Investigaciones de organismos internacionales han subrayado que la cultura no sólo fortalece el tejido social, también resulta clave para el desarrollo sostenible al incidir en la educación, la inclusión y la economía creativa.

La política cultural de la Cuarta Transformación ha transitado por ajustes relevantes. Bajo la administración de Claudia Sheinbaum, se han delineado acciones orientadas a fortalecer la industria cultural, como los incentivos fiscales al sector audiovisual, el impulso a la producción cinematográfica nacional, mediante mecanismos como el Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (EFICINE), y la búsqueda de consolidar a México como un polo atractivo para la inversión creativa internacional. Estas políticas apuntan a una visión donde el arte no sólo se preserva, sino que se proyecta como motor económico.

En el ámbito legislativo, destaca el papel de Beatriz Mojica Morga, actual Presidenta de la Comisión de Cultura en el Senado de la República, quien ha asumido una agenda activa en favor del fortalecimiento del sector artístico y cultural. Desde esta responsabilidad, ha impulsado el reconocimiento de los derechos culturales como parte sustantiva del bienestar, promoviendo iniciativas orientadas a ampliar el acceso al arte, especialmente en comunidades históricamente excluidas. Entre las acciones que ha respaldado y promovido se encuentran el fortalecimiento del presupuesto cultural con enfoque territorial, la defensa de los programas comunitarios de cultura, así como la generación de espacios de diálogo entre creadores/as, instituciones y legisladores/as para diseñar políticas públicas más incluyentes. Asimismo, ha puesto énfasis en la necesidad de visibilizar el talento artístico del sur del país —particularmente de Guerrero— donde el arte popular, la tradición oral y las expresiones indígenas constituyen una riqueza cultural de enorme valor. Su visión se alinea con una concepción del arte como derecho, no como privilegio, insistiendo en que el acceso a la cultura debe ser una política de Estado que contribuya a cerrar brechas sociales.

No obstante, el desafío es profundo. Especialistas coinciden en que el desarrollo cultural requiere además de voluntad política, financiamiento sostenido, profesionalización del sector y condiciones laborales dignas para quienes viven del arte. La precarización sigue siendo una realidad para miles de creadores/as en el país, lo que evidencia la necesidad de avanzar hacia un modelo más sólido. El Día Internacional del Arte representa una oportunidad para replantear su papel en el proyecto nacional. Porque si algo ha demostrado México es que su capacidad de creación es también su capacidad de resistencia. Un nuevo horizonte es posible si se logra incrementar progresivamente el presupuesto cultural, asegurando su distribución equitativa entre regiones, consolidar un sistema nacional de formación artística que articule educación, innovación tecnológica y desarrollo comunitario, formalizar las condiciones laborales del sector cultural, reconociendo a artistas y gestores como trabajadores/as con derechos plenos, fortaleciendo la diplomacia cultural para posicionar a México como una potencia creativa global e impulsando mecanismos de participación comunitaria que garanticen que el arte sea accesible, incluyente y representativo de la diversidad.

En México, el arte no sólo se contempla: se vive, se construye y se defiende… en ello, también se dibuja el futuro de la nación.

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