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Cambio político en tiempos de Morena

Pareciera que existe una posibilidad truncada. El cambio político para el caso mexicano se ha manifestado a través de las reformas al sistema electoral en la llamada era moderna. Es decir, después de la instauración del régimen hegemónico del PRI, la apertura hacia la democracia se dio de manera paulatina y a través de modificaciones legales para que los opositores tuvieran representación política dentro del Congreso de la Unión.

Por allá de 1977 fue cuando legalmente se introdujeron en la fórmula de representación las diputaciones plurinominales. Esta llamada apertura no fue gratuita, ni mucho menos una concesión democrática del PRI o del régimen hacia la oposición; sino producto de una lucha política que había iniciado mucho antes, y que tomó mucha fuerza derivada de la implosión social que provocó el movimiento estudiantil de 1968.

De manera paulatina, el sistema de partido hegemónico se apertura al grado que en 1997 la Cámara de Diputados Federal obtiene una configuración inédita para la época: el PRI perdió por primera vez en la historia la mayoría calificada; es decir, ya no contaba con las tres cuartas partes de los escaños para aprobar reformas constitucionales.

Con el paso del tiempo existieron reformas al sistema electoral que tocaron al sistema de partidos; es decir, la modificación de las reglas electorales les dio a los partidos opositores la oportunidad de ir ganando espacios de representación política, ya sea diputados, senadores, presidencias municipales, hasta gubernaturas. Solo se ha entendido el cambio político en la era moderna de México a través de las reformas al sistema electoral.

La presión social de cambio en México fue consistente al grado de pluralizar el régimen de partidos en el país. Vivimos lo que denominamos régimen de partido hegemónico, de libro de texto para los estudiosos de la política, dónde el PRI controlaba todos los aspectos de la vida pública. La oposición de la época existía en el plano social, pero no en el institucional, ello fue cambiando al grado de que hoy, México 2026, tenemos un sistema de partidos hegemónico.

¿A qué me refiero? Tenemos ahora la arena política dominada por los partidos políticos, dónde el acceso al poder es posible en la medida que se pertenezca a un partido político; claro existen sus excepciones, pero las mismas son contadas con los dedos.

Las luchas políticas versadas sobre la igualdad, la libertad y la autodeterminación en México rindieron sus frutos al ver alternancia en la presidencia de la república. Pero ahora, el acceso al poder está normado, regulado y controlado por los mismos partidos políticos, mismos que en más de una ocasión se han vuelto en crisis de representación o, dicho de otra manera, han provocado rupturas entre ciudadanos y partidos lo cual deja a los ciudadanos, al Pueblo insatisfecho o no representado en los espacios institucionales para la política.

Toda acción de poder ejercido desgasta, es casi ley de vida, y por lo mismo, los ciclos de las formas en que el régimen se expresa también llegan a ser deficientes con el tiempo para responder a los ciudadanos. La sociedad se encuentra en cambios contingentes y, por ende, las formas de representación política también deben estarlo.

En días pasados la presidenta Claudia Sheinbaum presentó al Congreso una iniciativa de reforma constitucional para modificar esas reglas electorales, obedeciendo a su promesa de campaña de reducir la representación plurinominal, el gasto público hacia los partidos políticos y reestructurar al Instituto Nacional Electoral (INE), entre otras disposiciones. Dicha reforma no fue aprobada por el Congreso, pues se necesitaba contar con tres cuartas partes de los diputados para modificar la Constitución. Cabe resaltar que la coalición gobernante si contaba con los números para modificar las leyes, pero a la hora de votar no se obtuvo el respaldo esperado; siendo el Partido del Trabajo (PT) y Partido Verde Ecologista de México (PVEM) quienes en su gran mayoría no aprobaron dichas modificaciones, siendo aliados del proyecto de nación de la transformación.

Quedan evidentes dos situaciones, la primera es que en México no se vive una dictadura ni un autoritarismo como el PRI y PAN y MC dicen, pues si eso existiera esta propuesta de reforma habría sido un trámite (como se acostumbraba en la era del PRIAN); y en segunda que los partidos políticos en México son entes que han generado intereses superiores a lo que el Pueblo y la ciudadanía demandan al grado de aferrarse férreamente a sus prerrogativas, bloqueando la posibilidad de cambio político en un momento dónde se requiere.

El cambio que demanda la población hoy en 2026 es una representación política que no mienta, que les de resultados y que no le represente una carga impositiva; es decir que los recursos o exceso de estos, sean gastados de mejor manera para construir bienestar en la población, esa es la razón por la cual se dio el voto de confianza a Morena. El Plan B de la presidenta Claudia Sheinbaum busca retomar este sendero, pese a la resistencia de la llamada partidocracia o gobierno de los partidos políticos.

 

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