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Cayó “El Mencho”, derecha y «bots» sembraron pánico

La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, no puede ser secuestrada por la narrativa oportunista de la derecha. Lo ocurrido el 22 de febrero de 2026 fue una operación del Estado mexicano, ejecutada por fuerzas mexicanas, en un contexto de alto riesgo y con respuesta a una agresión armada. Reducir ese hecho a un “triunfo de Trump” o usarlo como pretexto para golpear políticamente al gobierno no es análisis: es propaganda con mala fe.

Lo primero que desmonta la versión opositora es la posición oficial expresada por la presidenta Claudia Sheinbaum el 23 de febrero: el objetivo del operativo era capturar a “El Mencho”, y el abatimiento ocurrió porque las fuerzas armadas respondieron a una agresión “en el marco de la ley”. Ese punto es central, porque desarma la caricatura de quienes salieron a decir que “todo fue una ejecución” o que “ya volvió automáticamente la guerra calderonista”. No: hubo un operativo de captura que derivó en un enfrentamiento. Esa diferencia importa jurídica, política y éticamente.

También es falso decir que “gracias a Trump” se logró la detención o eliminación. Sí hubo apoyo de inteligencia de Estados Unidos, y eso ha sido reportado por agencias internacionales; pero la operación fue ejecutada por fuerzas mexicanas. Cooperación no significa subordinación ni autoría extranjera. La derecha intenta borrar el papel del Ejército, la Guardia Nacional y el Gabinete de Seguridad para imponer una narrativa colonial: que México solo actúa si Washington lo ordena. Esa lectura no solo es políticamente mezquina; también invisibiliza a las instituciones mexicanas y a los elementos que arriesgaron la vida en el operativo.

Que Donald Trump haya reaccionado después, alabara la operación y al mismo tiempo exigiera “más” acciones contra los cárteles, no demuestra que él la haya hecho posible. Demuestra, más bien, su estilo de siempre: apropiarse del hecho, capitalizarlo y presionar públicamente a México. Reuters reportó precisamente que, tras el operativo, hubo elogios de funcionarios estadounidenses, pero también nuevas presiones de Trump. Eso es reacción geopolítica y posicionamiento político; no dirección operativa sobre el terreno. La derecha mexicana, sin embargo, se montó de inmediato en ese guion para repetir la consigna de “se acabaron los abrazos, no balazos”, como si una coyuntura compleja pudiera resumirse en una frase de campaña

Más cínico aún fue ver a sectores conservadores intentar enaltecer a Felipe Calderón a partir de este episodio. Esa maniobra busca reescribir la historia y vender la idea de que cualquier golpe al crimen organizado valida automáticamente su estrategia pasada. Es una trampa discursiva. El debate serio nunca ha sido “si el Estado debe actuar” claro que debe actuar, sino cómo actúa: con qué legalidad, con qué inteligencia, con qué coordinación, con qué controles y con qué responsabilidad hacia la población civil. Confundir firmeza con nostalgia del desastre es puro marketing político.

Pero además, mientras armaban ese relato, se desató otra ofensiva: la digital. Reuters documentó que, tras la muerte de “El Mencho”, circularon reportes falsos e imágenes virales para exagerar el caos, incluyendo falsedades sobre aeropuertos y ataques inexistentes. La propia cobertura señala que especialistas vieron una campaña coordinada de propaganda criminal, que autoridades mexicanas identificaron cuentas dedicadas a mentir, y que también es difícil atribuir con certeza todas las cuentas a un solo origen. Es decir: hubo violencia real, sí, pero también una guerra de percepción diseñada para amplificar el miedo y hacer parecer al Estado totalmente rebasado.

Reuters Verificación desmintió ejemplos concretos: la imagen de un supuesto avión incendiado en Guadalajara era falsa, y otra imagen viral de instalaciones en León fue identificada como contenido generado con inteligencia artificial. Ese dato es gravísimo, porque confirma que en momentos de crisis miles de cuentas orgánicas, coordinadas, oportunistas o automatizadas pueden producir una sensación de colapso mucho mayor al hecho real. Y ahí se dieron un festín comentaristas opositores, cuentas de propaganda y granjas de amplificación, usando montajes y desinformación para atacar al gobierno y sembrar pánico en la ciudadanía

Lo responsable no es negar la violencia ni maquillarla. Lo responsable es defender la verdad, reconocer la acción del Estado mexicano cuando corresponde, exigir legalidad y denunciar con la misma firmeza la manipulación mediática. Porque cuando la derecha convierte la seguridad pública en botín político y el miedo en herramienta electoral, no solo intenta golpear al gobierno: también agrede a la sociedad, erosiona la confianza pública y le hace el juego a quienes viven del terror.

 

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