De 1938 a 1940 se vivía en el mundo socialista una sensación de derrota y capitulación. Una nueva guerra parecía inminente. Todos los esfuerzos por evitarla se mostraban infructuosos, y el entonces Estado obrero, la Unión Soviética, generaba airadas discusiones: ¿cuál debería ser su papel en este nuevo capítulo global?
Trotsky, a pesar de escribir desde el exilio mexicano, afirmaba la necesidad de defender lo conquistado por la clase trabajadora hasta entonces, en cuanto a posiciones materiales, morales, teóricas y programáticas y prepararse para una nueva oleada de ascenso de la lucha de clases que volverá a poner a la orden del día la estrategia revolucionaria[1]. Esta posición fue duramente criticada por varios dirigentes que en su momento fueron cercanos a él, entre ellos Max Eastman, Victor Serge, Boris Souvarine y Ante Ciliga. Varios de ellos pasaron de una oposición abierta al estalinismo a un ataque al bolchevismo en su conjunto. La piedra toral de su nueva posición fue una perspectiva moral basada en una supuesta «universalidad» que, según ellos, alcanzaba para criticar todas las posturas del socialismo real.
La respuesta de Trotsky a estas «nuevas posturas» fue un texto conocido como Su moral y la nuestra. Ahí, Trotsky expone el método general de los «predicadores de la moral»:
…identificar los modos de actuar de la reacción con los de la revolución. El éxito del procedimiento se obtiene de analogías formales: zarismo y bolchevismo son gemelos. También es posible descubrir gemelos en el fascismo y en el comunismo. Por su parte, Hitler y Mussolini, utilizando un método semejante, demuestran que liberalismo, democracia y bolchevismo sólo son distintas manifestaciones de un solo y mismo mal.
El punto fundamental de Trotsky era que la moral del opresor y la moral del oprimido no son iguales, aunque a veces se vean forzadas a usar medios parecidos. No puede equipararse la violencia que usa un esclavo para liberarse y la violencia que aplica un esclavista para mantener el régimen. Por lo tanto, esta pretendida moral «universal» no es otra cosa más que una tomadura de pelo para quienes deciden no ver los efectos que las condiciones materiales (en el caso de Trotsky, la variable fundamental era la lucha de clases) tienen en la determinación de lo «justo». Al respecto, escribe:
El evolucionismo burgués se detiene impotente en el umbral de la sociedad histórica, pues no quiere reconocer la fuerza motriz de la evolución de las formas sociales: la lucha de clases. La moral sólo es una de las funciones ideológicas de esa lucha. La clase dominante impone a la sociedad sus fines y la acostumbra a considerar como inmorales los medios que contradicen esos fines. Tal es la función principal de la moral oficial. Persigue la idea de «la mayor felicidad posible» no para la mayoría, sino para una exigua minoría, además decreciendo sin parar.
¿Quiere esto decir, famosa y mal utilizada frase, que el fin justifica los medios? En el fondo, esta frase no dice mucho, pues sólo traslada el problema: ¿cómo se justifica el fin, entonces? Y, de hecho, es ésta la ruta que sigue Trotsky para definir su postura. En palabras de Andrea Robles y Nicolás Bendersky:
lo «justo» se define en relación al avance de la humanidad en torno al domino que ejerce sobre la naturaleza y a la emancipación de toda forma de explotación y opresión. Pero en esta lucha ¿todos los medios están permitidos? Trotsky responde que “sólo son admisibles y obligatorios (…) los medios que acrecientan la cohesión revolucionaria del proletariado, inflaman su alma con un odio implacable contra la opresión, le enseñan a despreciar la moral oficial y a sus súbditos demócratas, lo impregnan con la conciencia de su misión histórica, aumentan su bravura y su abnegación en la lucha.
Había, pues, no sólo que defender los alcances del imperfecto Estado obrero; también había que tomarse en serio la cualidad de los fines para la valoración de los medios; postulado polémico en tiempos de antipolítica, como los nuestros.
¡Que impotentes despreciables no vengan a sostener que el esclavista que por medio de la violencia o la astucia encadena a un esclavo tiene la misma moral que la del esclavo que por la astucia o la violencia rompe sus cadenas!
[1] Presentación de Andrea Robles y Nicolás Bendersky en las Obras Escogidas de León Trotsky: Su Moral y la Nuestra y En Defensa del Marxismo. Museo Casa de León Trotsky, ediciones ips (2019).




