«…y ahí te dejo ese par de rodilleras, ¿sabes para qué?, para que hinques a tu madre…»
Las Rodilleras, fragmento.
Cuando Gavin Newsom, gobernador de California, exhibió en el más reciente Foro Económico Mundial de Davos unas rodilleras rojas como símbolo de los líderes, think tanks, despachos y corporaciones que se están vendiendo ante la administración de Donald Trump —y reiteró su indignación por la complicidad de dirigentes europeos que se han arrastrado ante el presidente—, no pude evitar pensar en Paquita la del Barrio y su canción “Las rodilleras”.[1]
De inmediato comparé el spa alpino de Davos con Casa Paquita, aquella cantina emblemática de la Colonia Guerrero que conocí en mi despedida de soltero, precursora de los hoy populares salones de despecho, esos espacios donde el dolor amoroso se vuelve ritual colectivo y fiel a una tradición profundamente mexicana, de compartir el sufrimiento, para hacerlo más llevadero… Tal y como hicieron este año catarsis algunos de los líderes mundiales que se han sentido ofendidos personalmente por declaraciones de Donald Trump.
El primero en tomar el micrófono fue Mark Carney, interpretando “Cheque en blanco”.[2] El Primer Ministro de Canadá planteó en Davos, con gráficos y lenguaje de política económica, que ninguna nación puede seguir entregando poder bajo la ficción de beneficios mutuos cuando esa integración deriva en subordinación; que la credibilidad solo se reconstruye con honestidad, abandonando la comodidad de las mentiras compartidas, y que, si los países medianos no actúan de manera coordinada, terminarán siendo devorados por quienes sí ejercen poder real. Ese triple mensaje —fin de la confianza automática, exigencia de claridad y acción colectiva— fue su ultimátum contra la complacencia estratégica y las promesas sin respaldo.
Trump se subió al escenario para responderle a Carney y de paso —al publicar sus intercambios privados con Macron y Mark Rutte—[3] ofreció la versión geopolítica de “Tres veces te engañé”[4]: primero ofrece un halago envenenado, luego la invitación a colaborar y, finalmente, exhibe la complicidad de sus ingenuos aliados en la destrucción de Siria y el acoso a Irán, a cambio de salvaguardar el dominio europeo sobre Groenlandia. Como en los mejores corridos de engaño y traición, Trump convirtió la confidencia diplomática en prueba pública de un doble juego y la usó, como gesto de revancha, para erosionar la alianza atlántica que antes operaba en secreto. La filtración no fue una mera revelación, sino una estrategia de humillación mediática —revelar, desacreditar, presionar— para transformar la mesa de negociación en un escenario para su propio espectáculo de despecho, donde la discreción fue, tan solo, la primera víctima.
En la cena oficial del Foro Económico Mundial —concebida para recomponer confianzas— el agresivo alegato del secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, tensó el ambiente y provocó abucheos en el salón. Cuando la confrontación ya dominaba la ceremonia, Christine Lagarde —marcada también por una condena judicial en Francia— se levantó con una calma impecable y se retiró antes del postre, como si interpretara “Me saludas a la tuya”.[5]
La nota final la puso Giorgia Meloni al decir que Italia no se sumaría, por ahora, a la perversa “Junta de Paz de Gaza”. No fue un no rotundo, sino que con el cinismo de “Invítame a pecar”,[6] ofreció la suspensión estratégica del compromiso, esperando que otros carguen con la culpa mientras ella conserva su margen de maniobra. Fue como dejar el micrófono sobre la mesa para poder negociar, fuera del escenario, el precio para unirse al coro del despojo inmobiliario. Es el viejo arte europeo que Italia conoce mejor que nadie: cambiar de bando, abandonando a su suerte a los aliados en la trinchera equivocada.
En este tugurio suizo del capitalismo global no hay pudor, sólo la coreografía de un despecho geopolítico donde te fichan con sangre ajena y cuyas cuentas siempre pagan los pobres.
Más que desahogo, las canciones de Paquita siempre me han resonado como terapia emocional, porque enseñan a nombrar la humillación, a ponerle límites y a no confundir el amor con la sumisión. Pero el despecho es una forma de justicia muy acotada, no un proyecto para construir un mundo más justo. La clave civilizatoria está en cambiar el programa musical por un nuevo repertorio que celebre nuestra humanidad. Necesitamos intérpretes distintos a los líderes resentidos, que tanto han facilitado la reproducción del capital. En su lugar, deben alzarse las voces de los pueblos del mundo, ofendidos por el saqueo colonial. Con ellos, que comparten nuestros agravios bajo el imperialismo, luchamos por la reproducción de la vida.
[1] Paquita la del Barrio interpretaba 🎵 “Las Rodilleras” 🎵en Fiesta Broadway 2006
[2] PAQUITA LA DEL BARRIO / Cheque en Blanco
[3] Trump comparte textos privados enviados por Macron y el secretario general de la OTAN sobre Groenlandia
[4] Paquita la del Barrio – Tres Veces Te Engañe (En Vivo)
[5] ME SALUDES A LA TUYA-PAQUITA LA DEL BARRIO
[6] Paquita la del Barrio “Invítame a pecar” / Arena Monterrey 2024





