Pluma Patriótica

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De embajadas y agregados culturales

Los múltiples viajes que he realizado alrededor del mundo como artista —muchas veces gestionados por agentes privados, orquestas, festivales o universidades y otras muchas por la Secretaría de Relaciones Exteriores desde la década de los 80— me han servido para darme una idea de las tareas que se deben llevar a cabo en la Diplomacia cultural cuando se representa digna, patriota, eficaz y funcionalmente a México en el exterior.

A raíz del escándalo desatado por el nombramiento de la escritora Brenda Lozano como agregada cultural de México en España y de la subsecuente renuncia de Enrique Márquez como encargado de la diplomacia cultural en la SRE, quisiera en este texto exponer algunas observaciones:

  • Nombrar un agregado cultural en un momento diplomático tan estresado por el que México y España están pasando tuvo que ser considerado de antemano por su gran importancia, y para ese nombramiento debió haber existido un consenso mucho más amplio del que aparentemente hubo.
  • En Cancillería existen, desde hace muchas generaciones, numerosos elementos que han entrado al Servicio Profesional de Carrera y que, año con año, presentan estrictos y rigurosos exámenes para ascender en el escalafón de la Diplomacia; lógicamente, merecerían tener preferencia para ocupar cualquier puesto importante en la representación de México en el extranjero. Los puestos “políticos” —es decir, de elementos que no pertenecen al Servicio Profesional de Carrera— son de igual manera positivos siempre y cuando no se “premie” —como en sexenios anteriores— a personajes tan cuestionados como el exgobernador Fidel Herrera y otros, cuyos nombramientos solo causaron repudio. Dentro de este rubro conocí personalmente a Embajadores, Cónsules y Agregados en verdad dignos de toda admiración por su maravillosa y enorme labor diplomática y cultural por México. Jesús Puente Leyva, Jaime Nualart, Jorge Eduardo Navarrete, Santiago Oñate, Enrique Cortazar, Mauricio de María y Campos y Martha Zamarripa —entre muchísimos otros—. Dentro del otro rubro, el de los Diplomáticos de carrera, están Leonora Rueda, Martha Bárcena, Carlos García de Alba, Jonathan Chait, Bruno Figueroa, Carlos Quesnel y Jorge Alberto Lozoya, entre tantos otros.
  • La labor de un buen diplomático, específicamente en el caso de un agregado cultural, no es solo organizar eventos de relumbrón que solo trascienden entre quienes asistieron al evento, sino visibilizar el trabajo de los creadores culturales —sea cual sea la especialidad o sector al que pertenezcan— como artistas escénicos, plásticos, cineastas, escritores, poetas, artistas tradicionales o populares, artistas de la cocina y artesanos, lauderos, filósofos, académicos de muchas áreas, etcétera, contemplando los siguientes rubros:
  1. La trascendencia para México
  2. La trascendencia para las relaciones diplomáticas de México con el país donde se presentan.
  3. La trascendencia para el artista a través de la vinculación de su trabajo con múltiples instituciones culturales del país que se visita.
  4. La trascendencia para el público local del país que se visita.
  5. La trascendencia económica (los artistas comemos de nuestro trabajo) atreviéndose a buscar los patrocinios pertinentes para la retribución económica de los artistas o intelectuales invitados.
  • Un agregado cultural —de carrera o político— debe tener conocimientos de gestión cultural. Hoy, la carrera y especialización de esta materia es ya generalizada en muchísimos países con instituciones dedicadas a impartirla, con planes de estudios diseñados y consolidados a conciencia. En décadas anteriores, quienes se dedicaban a ello eran profesionales de muchas áreas que se iban forjando y formando sobre la marcha de su encomienda e iban aprendiendo —o no— a gestionar la cultura. Muchos eran nombrados al vapor (improvisados) por el nepotismo y amiguismo proveniente de la sempiterna corrupción endémica de nuestro país, y aprendían sobre la marcha y, a veces, se esforzaban por desempeñar un papel excelente; otras, se dedicaban a socializar en cócteles sin hacer labor alguna.
  • Como he mencionado arriba, la hoy difícil y álgida situación diplomática entre España y México hacen que la necesidad de nombrar a una persona enteramente reconocida por su labor y sus convicciones patrióticas y acordes con la transformación sean decisivas para enaltecer y mostrar la cultura y la dignidad nacionales. Qué mejor que la propuesta del Presidente de nombrar a una mujer indígena como bastión de la representación cultural de nuestro país en España. Cachetada con guante indígena (¡que no blanco!) para la “patanada” del rey (con minúsculas) de España, quien siquiera ha tenido la atención de contestarle a Andrés Manuel López Obrador la carta que le envió el año pasado —sino que la filtró—, aunque fuese para decirle “No gracias, no se merecen una disculpa”. Educación diplomática básica.
    Yo pensé inmediatamente en Natalia Toledo. Y es que lo importante es que a quien se escoja —hombre, mujer o transgénero indígena, mestizo, caucásico, afro mexicano o marciano— debe tener el perfil indicado para ello. Y si es indígena, mejor.
  • Mucho se debe dilucidar con base en lo que en una transformación de régimen como la de actual gobierno se debe apoyar para difundir nuestra extensa cultura: si bien es totalmente cierto que muchos apoyos se dieron solamente a un sector minúsculo de la creación cultural mexicana durante muchos gobiernos, y que la cultura tradicional se vio (dentro y fuera de México) escasamente representada como bastión primordial de nuestra sociedad (y que por ello debe ser y ya es motivo prioritario de apoyo y difusión), lo que opino es que se debe considerar a México como un país multicultural, con unas enormes raíces culturales indígenas, un enorme talento y capacidad también de parte de poblaciones indígenas, afro mexicanas, mestizas, blancas etc. dentro de la cultura que se ha apoyado tradicionalmente. Por ejemplo: las bandas sinfónicas de niños indígenas de Oaxaca, cuya tarea es básicamente tocar música clásica europea o mexicana corte europeo con instrumentos netamente europeos, no deja duda de que el talento maravilloso de los niños y adolescentes de comunidades indígenas ha producido enormes cambios sociales en sus comunidades y un incremento enorme en el nivel de las bandas sinfónicas urbanas y de casi todas las orquestas sinfónicas mexicanas. Y hay muchos otros ejemplos de bastiones culturales, hechos por indígenas o no, que pueden o no ser sincréticos, como el rock, el jazz, el blues, el mariachi, los tríos románticos, la trova yucateca y muchos otros géneros no comerciales; o los grafiteros y artistas urbanos callejeros en todas las áreas, creadores de cortometrajes etc.

Cierro con la reflexión que lo que menos debemos alimentar es una supuesta guerra entre bandos de los dos principales presidenciables (Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard), a quienes debemos dejar seguir haciendo el importante y muy eficiente papel que a la fecha han hecho en el gobierno actual —y esperemos todos lo sigan haciendo— al defender, su integridad política y su enorme labor cada uno desde su bastión. Quedan aún más de dos años de administración y lo peor que podemos hacer como ciudadanía consciente es quemarles los cartuchos tanto a ellos dos como a la esperanzadora administración del gran líder que es Andrés Manuel López Obrador. Dejémoslos, en ese sentido, en paz.

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