Una de las realidades más normalizadas que tenemos hoy en día es la agresión, el rechazo o la intolerancia a las personas con sobrepeso; sobre este escenario tan degradante como humanidad nace el movimiento fat pride (orgullo gordo), cuyo objetivo principal es erradicar la idea de que los cuerpos con curvas están mal. No obstante, como todo movimiento de lucha tendrá dentro del mismo vertientes que –desde mi punto de vista– lo desvirtúan. Sí, tenemos que aceptar y querer nuestro cuerpo e ir destruyendo esos patrones estéticos establecidos que tanto daño nos han hecho, pero en este movimiento tenemos un extremo preocupante: las personas con sobrepeso que se sienten orgullosas del mismo, con un discurso de aceptación que indudablemente no debería ser. De aquí nace un concepto llamado megarexia, que incluso aún no ha sido catalogado como enfermedad, aunque en realidad lo sea. Por lo tanto, no hay una definición oficial por parte de la Organización Mundial de la Salud; sin embargo, llevar un estilo de vida poco sano conllevará consecuencias físicas negativas.
Cruzar esa delgada línea de entender la diversidad de cuerpos hacia romantizar un estado claramente enfermo resulta muy sencillo, y es que algunos la cruzan caprichosamente tal vez por encajar en algún punto de la historia, otros bajo dolor o desdichada agonía porque también hay que voltear a ver las realidades, unos somos más o menos privilegiados que otros; no podemos culpar de «gordo» o de aceptarse como es al trabajador cuyo desayuno es un pan con refresco; se tiene que ir más allá que solamente medir y pesar cuerpos o ponerlos a dieta.
Por lo tanto, se tiene que seguir trabajando en hacer más y mejores políticas de salud para toda la población, siempre multidisciplinarias y encaminadas a la prevención; se tienen que replantear las jornadas de trabajo —que muchas obligan de forma indirecta al trabajador a ser sedentario– y, sobre todo, se tiene que capacitar el personal de la salud para no ejercer violencia en las personas con sobrepeso.
Por eso que los que tenemos el privilegio de poder trabajar en nuestro cuerpo a nivel físico y mental, tenemos la obligación de hacerlo y buscar siempre la justicia social que todos necesitamos.




