Cuando, siendo muy joven, durante mi paso por la preparatoria, me encontré con una novela polémica tanto por su contenido como por su autor, decidí emprender su lectura para conocer de primera mano el porqué del estigma y de los comentarios a favor y en contra de Donatien Alphonse François, popularmente conocido como el Marqués de Sade. Así llegó a mí Los 120 días de Sodoma, una obra que, a decir verdad, leí más por cultura general que por mero placer, pues su contenido me pareció grotesco e incluso exagerado.
Hoy, varios años después, he confirmado que es cierto aquello de que la realidad supera a la ficción. Cuando los medios de comunicación dieron a conocer las atrocidades cometidas por el empresario financiero Jeffrey Epstein en su isla privada, vino inmediatamente a mi mente lo escrito por el francés Sade a finales del siglo XVIII. En su obra narraba las aberraciones de cuatro personajes con poder político y económico, unidos por la perversión y la lujuria: un banquero, un duque, un obispo y un presidente, este último como representante de la sociedad. El Marqués hablaba, precisamente, de la corrupción moral de quienes detentan el poder en sus distintas expresiones.
En su obra, Sade concentra lo que hoy se reafirma con la cruenta y oscura historia que rodea a Jeffrey Epstein: personas con poder político, económico y fama; figuras del ámbito artístico, científico e incluso filantrópico, que de una u otra forma tuvieron relación con lo que podría considerarse la encarnación de la perversión en el mundo terrenal.
Jeffrey Epstein fue acusado desde 2008 por delitos sexuales, en los que presuntamente la mayoría de las víctimas eran menores de edad. En 2019 regresó a prisión por delitos de carácter sexual, a los que se sumaron cargos por tráfico sexual. Ese mismo año, Epstein fue encontrado muerto en su celda. Desde entonces y hasta la fecha, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos ha ido liberando información —correos electrónicos, videos e imágenes— que evidencian una red de tráfico sexual de menores, en la que aparecen nombres de personas con poder político y económico vinculadas de manera directa o indirecta. Todo ello ha sido posible gracias a la publicación de los Archivos Epstein bajo la Ley de Transparencia.
A través de esta información se han conocido los niveles de perversión ocurridos en una de las propiedades de Jeffrey Epstein, particularmente en una de sus islas ubicadas al sureste de Saint Thomas. En ese lugar se concentra el mayor número de acusaciones y es donde se especula que asistían cantantes, políticos, líderes religiosos, empresarios y cualquier persona con el poder político, social o la influencia suficiente para vincularse con Epstein. Este acumuló una riqueza exorbitante, pues las fiestas que organizaba no solo formaban parte de una red de explotación sexual, sino también de una estructura de control y vinculación con personas influyentes a nivel global.
Si bien desde hace varios años se ha difundido información sobre la red de explotación encabezada por Jeffrey Epstein, recientemente, el 30 de enero del presente año, se dieron a conocer aproximadamente tres millones de documentos, en los que el nombre de Donald Trump (actual presidente de los Estados Unidos) aparece más de 3,000 veces. Asimismo, se mencionan figuras como Bill Clinton, Elon Musk y artistas como Michael Jackson, Bono de U2 o Mick Jagger, por mencionar algunos.
La difusión de estos archivos ha alcanzado a diversas élites a nivel mundial, sin que aún se tenga claridad sobre hasta dónde podría llegar la revelación de esta información tan atroz, tanto por su contenido como por las personas involucradas.
En el caso de México, han surgido nombres de personajes vinculados a Epstein, principalmente empresarios, entre ellos Ricardo Salinas Pliego, Carlos Slim y Carlos Salinas de Gortari. De igual forma, algunos documentos vinculan a Epstein con el Cártel de Sinaloa.
La aparición de nombres en correos, encuentros, imágenes, videos, indicaciones o invitaciones no implica automáticamente culpabilidad ni significa que dichas personas hayan cometido algún delito o participado directamente. Sin embargo, sí demuestra que Epstein no solo encabezó una red de explotación sexual, sino que construyó una red de poder político y económico no solo en Estados Unidos, sino a nivel mundial.
Esto evidencia cómo, aún hoy, pueden operar redes de empresarios y políticos que, amparados en sus privilegios, viven al margen de la ley y, en muchas ocasiones, sin límite alguno; tal como lo plasmaba el Marqués de Sade hace más de un siglo. Ayer como hoy, vivimos en un mundo donde el exceso, en cualquiera de sus modalidades, puede convertirse en el vínculo suficiente para la existencia de cualquier cofradía.




