Pluma Patriótica

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Del Cardenismo al Obradorismo

Kenia Antuna

La transición democrática después de la Revolución mexicana alcanzó su punto más álgido durante el Cardenismo. La primera revolución social consiguió además institucionalizar en la reforma Constitucional lo que se había logrado por la vida armada; sin embargo la Revolución mexicana, con sus matices, contradicciones y sus fracciones ideológicas pospuso hasta el sexenio del General Lázaro Cárdenas  por la vía del Estado algunas de las luchas de la Revolución como el reparto agrario, la justicia social y la participación de los sectores populares como el campesino y obrero en la vida pública del país. El cardenismo retomó la vocación democrática del Maderismo, la institucionalidad del Carrancismo, el agrarismo de los Villistas y Zapatistas, y la idea de liberar al pueblo por medio de la educación de los Magonistas. 

El General Lázaro Cárdenas, además, como el estadista que era, tomó la decisión más importante y trascendente que pudo tomar un mandatario en el Siglo XX: la nacionalización de la industria petrolera, misma lucha que respaldó y apoyó con autonomía la lucha sindicalista; el proceso de independencia fue acompañado de un amplio respaldo popular, no solo de los sectores organizados en torno el Estado sino de la población en general. Cárdenas era un Presidente que continuamente visitaba las comunidades más apartadas y era un fiel creyente de la educación como vía de transformación pacífica, eso explica en gran medida cómo es que la nación respaldó hasta el último momento la expropiación petrolera. 

Aun con los rezagos del Porfirismo, algunos apátridas y conservadores se dieron a la tarea de minar las decisiones que había tomado el entonces Presidente: en medio de la paranoia se dedicaban a hacer propaganda negativa acusándolo de terrorista, comunista y seguidor de Stalin; no concebían que la nación pudiera ser soberana ante los embates extranjeros y que la educación fuera universal hasta en los rincones más apartados del país.  En lo que parecía ser el sexenio en que “se había hecho justicia la revolución”, también las fuerzas conservadoras se alinearon en dos sentidos: uno con la intención de hacer un golpe de Estado en manos de Saturnino Cedillo que sin éxito culminó con el abatimiento de este; y el otro que sería la formación del Partido Político Acción Nacional en ese entonces simpatizante del franquismo, contrario, además, a las decisiones de solidaridad internacional del Presidente Cárdenas quien acogió a los exiliados españoles; y con personajes como Manuel Gómez Morín, digno representante de los traidores de la patria, defensor del capital extranjero, hasta el exceso de ser abogado defensor de una de las empresas petroleras que se nacionalizarían, quien dicho sea de paso hasta la fecha despierta cierto orgullo en la escasa militancia panista. 

El Cardenismo si bien no fue un periodo revolucionario que fuera más allá de un sexenio, trazó en adelante la reconfiguración del Estado y sobre todo de las relaciones internacionales de México. La expropiación petrolera no solo fue un paso para la soberanía energética sino un acto para la seguridad nacional: no solo eran un montón de fierros y tecnología en manos nacionales, significaba aquello que una nación y un pueblo fueran dueños de su propio destino. Este movimiento y pensamiento filosófico fue un parte aguas de la historia hacia adelante por nacionalizar el petróleo y reorganizar la vida económica y política del país, pero también hacia atrás por desterrar a un pasado corrupto y tiránico cuando exilió a Plutarco Elías Calles. 

Mucho tiempo pasó para que un mandatario tuviera tal respaldo popular, para que la política social estuviera al centro del país y las y los pobres fueran el móvil de un gobierno. 66 años después de la expropiación petroleranacería el Obradorismo durante el proceso de desafuero –que si bien tiene ciertas similitudes como el aglutinamiento de masas, un proyecto de soberanía nacional, la democratización de los beneficios petroleros–, tiene también diferencias importantes. Por ejemplo: Andrés Manuel no comparte la idea de un sindicato o representante de los gremios organizados frente el Estado o la afición por asumirse socialista como el General Cárdenas hacía en algunos espacios.  Esta comparación no tiene la intención de enlistar cuál es mejor o cuál ha aportado más al país, sino atestiguar cómo cada cual conforme a sus condiciones han encaminado sus políticas al bienestar de las personas y también cómo los grandes gigantes de la historia e importantes momentos históricos han sido blanco de ataques de impulsos conservadores. En su momento el General Lázaro Cárdenas padeció a Manuel Gómez Morín, un apátrida defensor de intereses extranjeros, hoy símbolo de la hipocresía del PAN; en nuestros días la cosas no han cambiado mucho: para muestra está el impresentable Diego Fernandez de Cevallos quien haciendo uso de tráfico de influencias litigó contra el Estado mexicano representando intereses ajenos a la nación. 

El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha resistido los embates de los actuales grupos conservadores quienes han cambiado sus formas pero no el fondo de los ataques. Resulta que con el anuncio de la construcción de la refinería Dos Bocas Tabasco, parte de estos grupos siguen apelando a continuar ser súbditos del extranjero y hasta ecologistas; han comentado hasta el cansancio la inviabilidad de la obra hasta con montajes de supuestos hundimientos, sin decir que cualquier energía renovable o “limpia” requiere de materiales no renovables como lo es el litio. O como el mismo Presidente comentó en el Día del Ejército: “Doy gracias por no escuchar el canto de las sirenas y dar la espalda a la traición y al golpismo, doy gracias por estar a favor de la Cuarta Transformación, que significa en esencia lograr entre todos los mexicanos, desde abajo, una sociedad mejor, un México más libre, más justo y más fraterno” haciendo alusión a un intento fallido de la derecha conservadora por derrocar al gobierno electo democráticamente. Si bien las condiciones del Obradorismo actual no son las mismas del Cardenismo, la vocación soberana de ambos gobiernos son dignos de recalcar no solo para aprender de lo cíclico de la historia, sino para valorar y seguir luchando por el bien superior que es la felicidad de los pueblos. 

Kenia Hernández Antuna. Servidora del Pueblo. Politóloga por la UNAM, militante de izquierda. Aprendiz del General Lázaro Cárdenas y del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Twitter: @KeniAntuna

 

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