Pluma Patriótica

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Doblemente aplastante

Estamos viendo un empeño desesperado en descarrilar el proceso electoral a última hora por parte de los partidos que representan los intereses de los grandes empresarios, quienes durante años se sirvieron del presupuesto público en contubernio con los gobiernos encabezados por sus diversos partidos –PRI, PAN, PRD, MC–. Ese empeño desestabilizador ha encontrado una pieza más en el INE, que se atreve a sugerir la amenaza de una posible anulación de la elección. Una bravuconada que, sin embargo, muestra hasta qué punto se trata de un órgano totalmente parcial.

Este intento se origina del rechazo a que la población sin grandes caudales de dinero, las grandes mayorías de este país —amas de casa, trabajadores, jubilados, campesinos, indígenas— tengan representación y presencia en cualquier poder del Estado. Es el rechazo a que los representantes populares se parezcan a sus representados, congruente con el esquema de vida e ideología de un pequeño grupo de personas que han hecho dinero a costa de las personas trabajadoras y de los recursos nacionales de propiedad pública. Su vida e ideología se sustentan en el principio de que cada quien tiene lo que se merece, y —según sus creencias— ellos merecen ser ricos, por su esfuerzo propio y el de sus familias. Selectivamente ignoran la historia donde se muestra que, lejos de ser resultado de su esfuerzo personal, el origen de su riqueza está en una herencia que proviene de despojar a otras personas de su trabajo y de sus tierras, así como del acomodo de sus familias y su círculo de relaciones con los actores políticos dentro de los poderes gubernamentales.

Estos traficantes de influencias —en México como en casi todo el mundo—, para acrecentar su fortuna y asegurarla, usaron parte de ella para emplear a funcionarios públicos o de plano comprarlos, para ocupar durante algún tiempo puestos en la función pública y desde ahí afianzar las relaciones o formar equipos para usufructuar las dependencias públicas, según sus necesidades. Así lo muestra la historia del principal candidato no registrado y jefe del PRIAN: Claudio X. González Guajardo. Este personaje es heredero de la posición de su padre Claudio X. González Laporte, quien es presidente del Consejo de la sección en México de la papelera transnacional Kimberly-Clark y fue funcionario y asesor durante varios años en los gobiernos del PRI y PAN; se le reconoce especialmente por su asesoría a Carlos Salinas de Gortari. Como heredero, Claudio X. González Guajardo se dedicó a crear “organizaciones de la sociedad civil”, algunas con fachada de caridad y otras supuestamente para empoderar a los mexicanos y denunciar la corrupción. La vida de estos dos personajes, padre e hijo, que hoy alardean de su capacidad para remover, elegir y bloquear gobernantes en México, es una historia del contubernio entre intereses de compañías transnacionales, gobiernos y empresarios corruptos.

Y en la parte del contubernio entre los intereses de compañías extranjeras en México y empresarios corruptos, se encuentra el financiamiento que la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) hace hacia las “Asociaciones Civiles” de X. González hijo, como “Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad”. Dicha agencia estadounidense ha financiado golpes de Estado o intentos de ellos en América Latina. ¿Por qué? Porque los gobiernos populares, que permiten la autodeterminación de sus pueblos, estorban a los negocios privados que pueden hacerse a partir de recursos como el petróleo, el litio, las corrientes de agua, etc., así también, estorba la legislación y la regulación para que se respeten los derechos laborales y los salarios justos, que para los empresarios representan sólo costos.

En este esquema y forma de vida de multimillonarios como son padre e hijo X. González, los servidores públicos —en cualquier poder y nivel que se encuentren— deben ser sus empleados directos, así también, las clases que tienen menos dinero o las que no tienen nada deben estar a su servicio en dos sentidos, el primero, para usarlas, explotarlas y para adueñarse de su trabajo, como mano de obra barata disponible, y el segundo, para usarlas y convencerlas de que respalden sus proyectos políticos y no los cuestionen, es decir, que besen las cadenas que las oprimen.

Desde esta forma de ver la vida de los empresarios acaudalados, la única participación política que la gente trabajadora y pobre debe tener es en expresar su lealtad a los patrones, votar y movilizarse a favor de los partidos que representan los intereses de sus jefes y opresores, partidos que se llevan una tajada de las violaciones que permiten en pro de los negocios y la ganancia económica. Lo que ahora sucede es que esas personas trabajadoras, esas personas pobres, el Pueblo, tienen más participación política, eligen por su propia voluntad y sin sometimiento a sus gobernantes y a sus representantes, les exigen y son escuchados. Desde la visión de los potentados eso es un agravio y en cada elección ven la oportunidad no solo de recuperar el control total de la política y la economía, sino de dejar completamente fuera de la política al resto de la población. Algo plenamente racional: su odio es directamente proporcional a la cantidad de negocios sucios que han perdido como resultado de la participación popular e inversamente proporcional a los espacios que los pobres van ganando en la representación y las decisiones de gobierno. Cada nuevo triunfo del gobierno de la 4T a los ojos de las grandes mayorías ha sido el cierre de una de las múltiples mangueras huachicoleras que extraían los recursos públicos masiva y grotescamente: el propio fin del huachicol (recordemos que los combustibles robados, a veces dentro mismo de las refinerías, iban a parar a gasolineras establecidas y empresas de construcción), el fin de la condonación y diferimiento del pago de impuestos, la renegociación de contratos aberrantes (gasoductos, centros penitenciarios privados, industria petroquímica), la eliminación de subsidios indebidos a grandes energéticas extranjeras y un enorme etcétera.

Dadas las pérdidas de los potentados, ellos defienden con tanta desesperación los pocos espacios que les quedan en el país —como nuestro amado Saltillo, donde soy candidato a diputado federal— e intentarán por todos los medios a su alcance conservar sus posiciones de poder. Nuestra respuesta frente a la escalada de provocaciones es muy sencilla: más organización y movilización pacífica. Lo que sigue no es solo una elección más, sino la posibilidad de acelerar el fin de una expresión de la política que ya se percibe anacrónica, incompatible con la nueva realidad de México: lograr que la gente pobre de colonias olvidadas vote masivamente por sus hambreadores a cambio de dádivas miserables. Dicha política ya va de salida. Saco dos conclusiones de las visitas que hemos realizado a las colonias de Saltillo durante los últimos años: el fin de esa infamia que es el PRI y su control territorial es inevitable y muy probablemente, en esta misma elección se logrará vencerlos. 

El 6 de junio es, por lo tanto, una batalla decisiva y tenemos que dar una votación doblemente aplastante que la de 2018, pues ahora los que se sirvieron de la nación —y pretenden seguirlo haciendo— ya saben de qué tamaño han sido y seguirán siendo las pérdidas cuando tienen que ajustar su actuación a un verdadero estado de derecho e intentarán hacer un fraude más grande aún de los que ya han venido haciendo, pues esa es —a final de cuentas— su única forma de hacer política. Pero esta vez, se toparán no solo con el despertar del Pueblo, sino también de una estructura de defensa del voto de morena como nunca la habíamos tenido. Esto no quiere decir que será fácil. Ninguna persona que ame al país y sepa que la 4T es el único proyecto que lo defiende y lo procura, debe quedarse sin votar y, más allá de eso, tenemos que promover el voto entre nuestra comunidad y cuidarlo en la medida de nuestras posibilidades. 

El 6 de junio, el camino hacia la soberanía, la democracia, la autodeterminación y la recuperación económica se seguirá construyendo de la mano de millones de mexicanos que encaran con determinación y valor esta nueva cita con la historia.

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